The China Mail - ¿Obedecer o marchar? El dilema de las ONG en Afganistán ante el veto talibán al personal femenino

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¿Obedecer o marchar? El dilema de las ONG en Afganistán ante el veto talibán al personal femenino
¿Obedecer o marchar? El dilema de las ONG en Afganistán ante el veto talibán al personal femenino / Foto: © AFP

¿Obedecer o marchar? El dilema de las ONG en Afganistán ante el veto talibán al personal femenino

Los talibanes pusieron a las organizaciones humanitarias en Afganistán "entre la espada y la pared" al prohibirles emplear a mujeres, dejando en el aire su vital trabajo en uno de los países más necesitados del mundo.

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"Hemos tenido que tomar una decisión muy difícil para saber si teníamos que continuar o no sin nuestro personal femenino. Y hemos llegado a la conclusión de que nos era imposible seguir nuestras actividades en el país sin ellas", explica Samira Sayed-Rahman, responsable de comunicación de Comité Internacional de Rescate (IRC).

El 24 de diciembre, el Ministerio de Economía anunció que las organizaciones no gubernamentales, locales e internacionales, tenían prohibido trabajar con mujeres afganas debido a "quejas graves" por incumplir el uso del hiyab, que en Afganistán debe cubrir el cuerpo por completo, incluido el rostro.

A partir del día siguiente, numerosas oenegés como IRC, que cuenta con 3.000 mujeres entre sus colaboradores, anunciaron que suspendían sus actividades y pidieron a los talibanes levantar el veto.

Unas 1.260 oenegés operan en Afganistán, según las últimas cifras suministradas por el Ministerio de Economía a la AFP, y emplean a miles de mujeres en puestos claves de sus programas de ayuda alimentaria, atención sanitaria, educación o saneamiento.

"Las trabajadoras humanitarias participan en la identificación de las mujeres beneficiarias, en su registro y su formación", explica Reshma Amzi, responsable adjunta de CARE Afganistán, que contaba con un 38% de mujeres en su plantilla.

- "Obedecer o marchar" -

En este país profundamente conservador, solo una mujer está autorizada a acercarse a una beneficiaria femenina.

"Es muy difícil para un hombre entrar en contacto con una mujer si no tiene vínculo de parentesco con ella", dice Azmi.

Pero para los talibanes, la ayuda puede llegar a las familias a través de los hombres del hogar, con lo que justifican el prescindir de las empleadas mujeres.

Excluidas la misma semana de las universidades también por supuestamente vulnerar el código de vestimenta, las mujeres están cada vez más aisladas e invisibilizadas en Afganistán.

También fueron vetadas de numerosos empleos públicos y no pueden viajar si no están acompañadas de un pariente masculino.

Las oenegés eran para algunas de ellas una tabla de salvación y les permitían ganar un salario que sustentaba a sus familias.

"Los talibanes nos han arrinconado y nos han puesto entre la espada y la pared", dice un responsable humanitario bajo anonimato.

"Nos han dicho: 'tenéis que escoger entre obedecer nuestras reglas o marchar' y ver la situación empeorar", agrega.

Desde la retirada de las fuerzas extranjeras del país, la parálisis de la ayuda internacional, que representaba un 75% del presupuesto nacional, ha hundido Afganistán en una profunda crisis humanitaria.

- Peligro de hambruna -

Unos 22,8 millones de personas, más de la mitad de la población del país, se encuentran en situación de inseguridad alimentaria y tres millones de niños están en riesgo de malnutrición, según economistas.

"El invierno pasado, fue la ayuda humanitaria lo que impidió una hambruna en el país", dice Sayed-Rahman. "Si no somos capaces de renovar esta ayuda, nos enfrentaremos a una situación horrible".

El anuncio cogió desprevenidas a las oenegés que, incluso durante los 20 años de combates entre los talibanes y las fuerzas estadounidenses y sus aliados, pudieron trabajar con mujeres en las zonas bajo control islamista.

"Había muchas negociaciones (con los talibanes locales), pero incluso en esa época teníamos mucho personal femenino", dice un responsable de una organización.

Desde el regreso de los talibanes en agosto de 2021, "Acción contra el Hambre, como el resto de organizaciones humanitarias, respeta los valores, la tradición y la cultura en Afganistán y ha aceptado implementar todas las peticiones" del poder, señala Samy Guessabi, director de esta oenegé en Afganistán.

En las oficinas, mujeres y hombres están separados, un 'mahram' (hombre de la familia) acompaña a las trabajadoras en sus desplazamientos y se respeta el uso del hiyab, asegura.

Además, desde el fin de la guerra, han tenido acceso a poblaciones aisladas antes "prácticamente inaccesibles, no solo para los actores humanitarios, sino también para el gobierno y los actores internacionales", dice Sayed-Rahman.

Las asociaciones contactadas por AFP dicen que quieren priorizar el diálogo y esperan que los talibanes reconsideren su decisión.

En caso contrario, evitan pronunciarse sobre una retirada definitiva del país.

"Sea quien sea que está en el poder, nosotros somos neutros (...) El objetivo es llegar a las personas que lo necesitan y ningún otro", dice Reshma Azmi.

X.Gu--ThChM