The China Mail - "Hasta que el cuerpo aguante": los terremotos de Venezuela 60 días después

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"Hasta que el cuerpo aguante": los terremotos de Venezuela 60 días después
"Hasta que el cuerpo aguante": los terremotos de Venezuela 60 días después / Foto: © AFP

"Hasta que el cuerpo aguante": los terremotos de Venezuela 60 días después

Han pasado dos meses desde que un doble terremoto sacudió a Venezuela y el trabajo de Domingo Pacheco, un rescatista voluntario que llegó a la zona de desastre desde el primer día, está lejos de terminar.

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El 24 de junio dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5, con 39 segundos de diferencia entre cada uno, causaron una de las catástrofes más devastadoras en la historia reciente de Venezuela con cerca de 6.500 muertos y un número indeterminado de desaparecidos.

El trabajo voluntario deja huellas emocionales, aunque Pacheco evita pensar en ellas.

Una noche, al terminar una de sus agotadoras jornadas, sintió que le faltaba el aire y vio como su cuerpo se apagaba por unos segundos, al cabo de semanas escarbando entre escombros y túneles para encontrar a las víctimas.

Mientras dormía tuvo la sensación de que una estructura le pisaba el pecho. "Se me fue quitando el oxígeno hasta que perdí como el conocimiento, todo se me puso nublado y pensé en mi hijo pequeño y reaccioné ¿qué está pasando?", narró a la AFP.

Pacheco llegó a la zona cero en la primera noche de los sismos. Buscaba a una niña entre un amasijo de hierro y escombros del urbanismo Hugo Chávez, un conjunto de viviendas de interés social en el popular balneario de La Guaira, a 40 km de Caracas, que sufrió los daños más graves de los terremotos.

- "Tenía que ayudar" -

Recuerda a una familia atrapada en el último piso. Pedían que no los abandonaran. "Había gente que gritaba mucho, que los ayudáramos", rememora sobre esas primeras horas llenas de confusión.

"Me vine a donde tenía que ayudar", reflexiona este socorrista de 53 años amante del voleibol, cuyo grupo ha rescatado a 21 personas con vida y 56 fallecidos.

Desde esa noche no ha habido un solo día en el que haya logrado pensar en otra cosa que no sea ayudar a los afectados, confiesa.

Dice que esta experiencia lo "marca mucho", en especial por aquellos que no se resignan a dejar atrás los cuerpos de sus parientes sepultados bajo montañas y montañas de escombros casi impenetrables.

"Mi agrupación va a seguir ayudando, entre todos. El equipo no va a parar hasta que estemos todos de acuerdo", afirma Pacheco sobre esta organización voluntaria creada hace 39 años que subsiste con la ayuda de miembros honorarios y algunas donaciones.

No hay cifras oficiales de desaparecidos, pero conforme transcurren las semanas, se siguen encontrando cuerpos. Por eso Pacheco está convencido que ni él ni sus compañeros pueden dejar a las familias que piden su apoyo.

¿Cuándo cerrar este capítulo?... "Dios quiera que sea lo más pronto, para que todo el mundo, para que esos familiares también puedan descansar del sufrimiento que tienen, de no poder recuperar a sus familiares", responde.

- Gratitud -

Frank Viloria conoció a Pacheco y a sus colegas del Grupo de Rescate Unido de Venezuela (GRUV) cuando buscaban desaparecidos en el edificio Orca en Playa Grande, una zona con hermosas vistas al mar donde complejos enteros quedaron reducidos a ruinas por la ferocidad de los terremotos.

Su hermana y su sobrina murieron en el lugar luego de que los ocho pisos de la estructura se desplomaron.

"Cuando lo veo yo me alegro, cada vez que lo veo (pasar) me alegro", dice sonriente al estrechar la mano de Pacheco, quien lo llama "hijo".

"Estoy muy agradecido con ellos. Siento mucho respeto y mucha admiración, puedo dar fe porque los vi cómo trabajan", remarca el técnico de 38 años que se despide de Pacheco con un abrazo.

La Guaira solía ser destino favorito de fin de semana de los caraqueños, pero en estos dos meses se ha transformado en un lugar marcado por el dolor.

Edificios con vistas al mar Caribe quedaron reducidos a pilas de escombros. Muchos de los sobrevivientes viven ahora en carpas expuestos a altas temperaturas y lluvias.

"A veces muy triste, la mente la tengo aquí (en La Guaira), no la tengo allá (en Caracas), no la tengo en casa nunca", describe. "Vamos a seguir hasta que el cuerpo aguante", asegura.

C.Smith--ThChM