The China Mail - El tormento de cinco padres afganos para ofrecer una educación a sus hijas

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El tormento de cinco padres afganos para ofrecer una educación a sus hijas
El tormento de cinco padres afganos para ofrecer una educación a sus hijas / Foto: © AFP

El tormento de cinco padres afganos para ofrecer una educación a sus hijas

Padres afganos entrevistados por la AFP narran las noches sin dormir y sus llantos a escondidas ante la desesperación para encontrar soluciones para sus hijas adolescentes, privadas de educación por el gobierno talibán.

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En Afganistán, hombres que defendían la educación para todos han sido encarcelados. Por ese motivo, los cinco padres que aceptaron hablar con la AFP lo hicieron bajo condición de anonimato.

"Como afgano, hombre y padre, quiero decir que nuestras hijas deberían poder continuar su educación y, sobre todo, elegir lo que quieren ser en el futuro. Es su derecho", confía uno de ellos, Nassir.

Afganistán es el único país del mundo donde la educación de las niñas está prohibida después de la primaria. Tras retomar el poder hace cinco años, los talibanes las excluyeron de la educación secundaria y las universidades en 2022.

Algunos responsables aseguran que es una prohibición temporal. Pero ya pasaron más de cuatro años en los que alrededor de "2,4 millones de niñas fueron excluidas de la educación secundaria", denunció el martes la Unesco, que pidió poner fin a las "discriminaciones".

Las autoridades aseguran aplicar la ley islámica.

Los padres entrevistados, musulmanes practicantes, rechazan esta justificación religiosa.

"Nunca encontrarás en el Corán que la educación esté reservada a los hombres", defiende Mohammad, un hombre muy devoto.

Según una encuesta realizada en 2025 por ONU Mujeres, el 95% de los hombres afganos en zonas urbanas y el 87% en áreas rurales consideran importante que las niñas puedan recibir educación secundaria.

El gobierno talibán no respondió a las preguntas de la AFP.

- Exilio -

Ahmad, de 40 años, es padre de cuatro niñas (12, 10, 8 y 2 años) y un niño.

Ingeniero, casado con una profesora de matemáticas que ya no puede impartir, jamás habría imaginado que sus hijas "terminaran siendo analfabetas". "En el siglo XXI, acabar solo la escuela primaria es como ser analfabeto", dice.

Él y su esposa quieren exiliarse. Exempleado de organizaciones internacionales, Ahmad ha solicitado visados en Suecia, Dinamarca y Alemania.

Fue en vano. Si bien los países europeos denuncian las restricciones impuestas a las mujeres, conceden muy pocos visados a los afganos, que se quedan con la única opción de un viaje clandestino "demasiado arriesgado".

Las niñas "no saben que perdemos la esperanza. Todos los días nos preguntan: '¿Cuándo nos marchamos?'".

Un visado para Estados Unidos iba por buen camino hasta que el presidente Donald Trump congeló todas las peticiones. "Cada día, cada noche, mi mujer y yo vemos acercarse el momento en que nuestras hijas tendrán que quedarse en casa".

En la ciudad del norte donde viven no hay ninguna escuela clandestina, que ellos sepan. Los cursos en línea son caros, unos 1.500 dólares anuales, y el salario de Ahmad es de 2.400.

En cinco meses, su hija mayor debería terminar la primaria. Pero antes de los exámenes de mitad de curso se rompió una extremidad, con lo que su graduación corre peligro.

"Estaba triste, pero le dije: 'Si repites curso, será una oportunidad para ir un año más al colegio'".

- Clandestinidad -

Mohammad, de 42 años, tiene dos hijas (14 y 12 años) y dos hijos.

Antes "pensaba en enviar a mis hijas a una de las mejores facultades", recuerda este médico de una pequeña localidad en la provincia de Kabul.

"Necesitamos a las mujeres para el desarrollo (del país), no solo en el hogar", protesta.

Desde que se implementó en 2022, Mohammad busca la manera de esquivar la prohibición. Sus hijas están ahora en el último año de primaria, porque la mayor empezó su ciclo más tarde.

¿Enviarlas a Pakistán con unos familiares? Imposible porque los dos vecinos se enzarzaron en un conflicto y la frontera terrestre está bloqueada.

¿Contratar profesores a domicilio? Demasiado caro.

Entonces apareció un rayo de esperanza: un conocido le habló de una escuela que, de forma clandestina, enseña materias generales además de programas religiosos.

"Es una escuela privada". Cuesta "unos 10.000 afganis (unos 150 dólares) al mes para dos alumnas".

El centro no expide ningún título. Y existen riesgos si las autoridades realizan una inspección. "No quisiera que mis hijas sean puestas bajo custodia".

Pero "lo más importante es que sigan aprendiendo", dice. "Algún día", el título llegará, espera.

- Mudanza -

N., de 35 años, es padre de una niña de 12 años y de tres niños.

"Mi hija está muy interesada en la astronomía. Recientemente hizo un collage para representar el sistema solar", cuenta lleno de orgullo este trabajador social de una ONG.

"Me hizo preguntas sobre la gravedad y le dije: 'Ya aprenderás eso más adelante'", recuerda.

"¿Cómo, si no puedo seguir estudiando?", respondió la niña, que está en el último año de primaria.

Gracias a haberse mudado a Kabul, la niña ganó algo de tiempo. Donde vivían antes, en Kandahar, bastión del movimiento talibán, algunas escuelas excluyen a las niñas incluso antes de terminar la primaria si las consideran demasiado altas, relata.

N. aboga por la paciencia para encontrar un antídoto al "veneno" de la prohibición.

Escuela clandestina, cursos de diseño o informática en línea... Los padres exploran todas las opciones en una vida cotidiana marcada por la escasez de trabajo y el desmoronamiento de la ayuda internacional.

"Hoy tengo trabajo y puedo pagar los estudios de mis hijos, pero las oportunidades se reducen y podría dejar de poder hacerlo. Por supuesto, mi hija no sabe que existe ese otro motivo de estrés para nosotros".

- Madrasa -

M., 32 años, tiene una hija de 13 años y dos hijos.

Era un día de celebración, pero la hija de este responsable de logística se quedó llorando en su habitación. Con 13 años, ya no puede ir a la escuela.

"Además, las niñas no tienen derecho a ir a los parques a pasear, es muy estresante", dice el padre.

"Cuando la veo decepcionada en casa, me voy a otra habitación y lloro a escondidas".

M. hace todo lo posible por sacar a su hija y la lleva al restaurante una vez por semana.

Aunque elogia a las autoridades talibanes por su lucha contra la corrupción y el restablecimiento de la seguridad, no encuentra "ninguna justificación aceptable" para privar de educación a su hija.

Procedente de una familia humilde, este hombre que trabajó mucho para pagar sus estudios quería que su hija fuera a la universidad.

Intentó irse a Irán para que ella pudiera estudiar, ahorrando cada centavo de una misión en el extranjero. Pero la guerra destruyó su plan.

Entonces la inscribió en una madrasa, un centro coránico que puede acoger a niñas más allá de primaria, "para que pudiera tener interacciones sociales".

Desde hace poco, la adolescente se niega a ir. "Aunque siga, no hay ningún futuro para mí", le dijo.

- Disciplina -

Nassir, de 47 años, es el padre de dos niñas (12 y 15 años) y de un niño.

Este empleado administrativo recuerda el último día de primaria de la pequeña.

"Mi hija y todas sus compañeras de clase estaban de mal humor, fue trágico", dice Nassir, que años atrás pasó por el mismo mal trago con su hija mayor.

Él y su esposa, que es profesora, han recuperado libros de secundaria y ayudan a sus hijas a seguir estudiando en casa.

No han encontrado plaza en cursos en línea asequibles y la enseñanza de las madrasas no se corresponde con sus valores.

En la biblioteca, de la que están orgullosos, exhiben junto a los libros los trofeos de excelencia de primaria que ganaron sus hijas.

Estas muestran sus cuadernos, hablan en inglés. Entre semana, los padres mantienen una disciplina estricta: "Acostarse temprano, levantarse a la misma hora que si tuvieran que ir a la escuela".

Solo en el salón, Nassir confía que la pequeña "está deprimida y a veces no tiene fuerzas para seguir estudiando sola". Para amortiguar el choque, le regala novelas porque ella adora leer.

Las niñas dan clases de apoyo escolar a los niños del edificio. Y desde hace poco, siguen algunas clases generales fuera, clandestinamente.

"Este régimen no quiere gente educada", suspira Nassir. "¿Cuándo volveremos a una vida normal?".

G.Fung--ThChM