The China Mail - Cazando con los inuits en la banquisa ártica que se derrite

USD -
AED 3.672502
AFN 64.492811
ALL 79.750205
AMD 363.683912
ANG 1.790365
AOA 917.000227
ARS 1514.250803
AUD 1.405047
AWG 1.8025
AZN 1.680717
BAM 1.704921
BBD 2.015858
BDT 122.799983
BGN 1.683441
BHD 0.377309
BIF 3006.159305
BMD 1
BND 1.276497
BOB 9.827834
BRL 5.111603
BSD 1.000902
BTN 95.846319
BWP 13.583363
BYN 3.017728
BYR 19600
BZD 2.012981
CAD 1.402855
CDF 2309.99992
CHF 0.82117
CLF 0.023994
CLP 947.400406
CNY 6.695399
CNH 6.69679
COP 3203.92
CRC 447.749483
CUC 1
CUP 26.5
CVE 96.120821
CZK 21.215994
DJF 178.230338
DKK 6.520043
DOP 59.054809
DZD 133.647026
EGP 51.921047
ERN 15
ETB 163.444079
EUR 0.87221
FJD 2.23815
FKP 0.747949
GBP 0.74765
GEL 2.594994
GGP 0.747949
GHS 11.518982
GIP 0.747949
GMD 73.484438
GNF 8798.144822
GTQ 7.63806
GYD 209.344898
HKD 7.844202
HNL 26.92992
HRK 6.569202
HTG 130.812686
HUF 315.578979
IDR 17866
ILS 3.015955
IMP 0.747949
INR 95.79595
IQD 1310.5
IRR 1374850.000255
ISK 120.540294
JEP 0.747949
JMD 157.741027
JOD 0.708997
JPY 157.612501
KES 129.509619
KGS 87.449499
KHR 4055.603262
KMF 430.000492
KPW 900.000318
KRW 1357.990272
KWD 0.30868
KYD 0.834049
KZT 449.063035
LAK 22420.895249
LBP 89627.698759
LKR 330.838539
LRD 173.147757
LSL 16.260151
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 6.375457
MAD 9.537462
MDL 17.579802
MGA 4394.999802
MKD 53.632916
MMK 2099.019807
MNT 3596.806502
MOP 8.087347
MRU 40.225095
MUR 47.659768
MVR 15.460072
MWK 1735.442448
MXN 17.229705
MYR 4.076298
MZN 63.898585
NAD 16.285706
NGN 1324.402424
NIO 36.674989
NOK 9.434475
NPR 153.352455
NZD 1.74306
OMR 0.384507
PAB 1.000741
PEN 3.378372
PGK 4.447503
PHP 62.695504
PKR 277.363009
PLN 3.79073
PYG 5956.994216
QAR 3.658022
RON 4.590897
RSD 102.310972
RUB 83.747498
RWF 1472.253582
SAR 3.755168
SBD 8.026013
SCR 13.777917
SDG 601.498035
SEK 9.839565
SGD 1.27575
SHP 0.74758
SLE 24.650063
SLL 20969.491881
SOS 571.487652
SRD 37.710496
STD 20697.981008
STN 21.7
SVC 8.757209
SYP 13002.000254
SZL 16.249882
THB 33.266499
TJS 9.233036
TMT 3.5
TND 2.954011
TOP 2.40776
TRY 48.819901
TTD 6.800894
TWD 31.738499
TZS 2652.44987
UAH 44.807225
UGX 3933.225821
UYU 40.216031
UZS 11800.000084
VES 851.3413
VND 26014.5
VUV 118.301728
WST 2.751033
XAF 572.13219
XAG 0.015292
XAU 0.000232
XCD 2.70255
XCG 1.803837
XDR 0.707052
XOF 572.13219
XPF 104.499765
YER 236.550036
ZAR 16.26848
ZMK 9001.202326
ZMW 19.542219
ZWL 321.999592
SSP 5712.529845
MXV 1.952872
Cazando con los inuits en la banquisa ártica que se derrite
Cazando con los inuits en la banquisa ártica que se derrite / Foto: © AFP

Cazando con los inuits en la banquisa ártica que se derrite

En la banquisa, Hjelmer Hammeken ha avistado una foca cerca de su hoyo en el hielo. Camuflado de blanco, el cazador inuit avanza con pasos lentos sobre la nieve, se tumba y espera. Al golpear el suelo con los pies, el animal levanta la cabeza y él dispara.

Tamaño del texto:

En medio de este paisaje lunar, Hjelmer despedaza inmediatamente a su presa y engulle un trozo de hígado todavía caliente. La recompensa del cazador.

La escena es rutinaria en Ittoqqortoormitt, cerca del estrecho de Scoresby, el mayor fiordo del mundo en la costa este de Groenlandia, en los confines del Ártico.

En esta aldea de 350 habitantes de casas coloridas, todos los hombres cazan: osos si son profesionales; focas, narvales o bueyes almizcleros si son aficionados. Es un estilo de vida ancestral que se transmite de generación en generación.

Pero desde hace una veintena de años, el cambio climático y las cuotas de caza amenazan una tradición que garantiza la supervivencia de las familias inuits.

Para retratar su vida cotidiana, una videoperiodista y un fotógrafo de la AFP convivieron durante varios días a finales de abril con cazadores profesionales de Ittoqqortoormitt.

- "¿Qué pasará en los próximos 50 años?" -

Cuando llega con su trineo tirado por perros por la banquisa junto al océano, el veterano de 66 años Hjelmer Hammeken impone respeto. Es el mayor cazador de osos polares de Groenlandia: 319 abatidos en cincuenta años, siete este año.

Su reputación se remonta a los años 1980. Partía solo con sus perros hacia los glaciares del fiordo, equipado solo con una tienda y unas pocas provisiones. Después de varias semanas de expedición, podía volver con hasta tres osos.

Era la época dorada para los cazadores profesionales, que vendían las pieles de los osos al extranjero.

En 2005 se establecieron cuotas de caza para frenar la caída de población de osos polares. Este año se limitaron a 35 ejemplares, que ya se han alcanzado a finales de abril.

Por ello, ese día, Hjelmer optó por cazar una foca, que no está limitada por cuotas.

Él ha visto cómo desde principios de siglo, el cambio climático ha afectado lenta pero inexorablemente el Ártico, que se está calentando cuatro veces más deprisa que la media mundial.

"Antes, podíamos cazar todo el año", cuenta. "En invierno, el hielo era más duro (...) y el fiordo no se derretía nunca". Hoy, el hielo es menos espeso, la banquisa menos extensa y el estrecho está completamente abierto desde mediados de julio hasta principios de septiembre.

Mientras observa el horizonte junto al joven cazador Martin Madsen, el viento se va despertando, al igual que el mar. El hielo, más fino al borde de la banquisa, se vuelve inestable. El riesgo es que se desprenda. Es hora de irse.

"En agosto, toda la banquisa estará derretida, ya solo quedará el mar, un mar agitado", lo que complicará cazar focas o narvales (también sometidos a cuotas), prosigue Hjelmer.

En cuanto a los osos polares, se pregunta cómo sobrevivirán ya que cazan en la banquisa. En verano, atrapados en tierra firme y muertos de hambre, se acercan al pueblo. Es probable que en un futuro migren más al norte, apuntan los investigadores.

"¿Qué pasará en los próximos 50 años?", pregunta Hjelmer. "La caza es fundamental para nuestra supervivencia, lo necesitamos para comer, para traer dinero a casa. Es importante para el pueblo, para nuestro futuro".

- Sopa de oso polar -

Como cada mañana, Martin Madsen, de 28 años, observa el horizonte desde su ventana. Luego, consulta las previsiones meteorológicas en su celular. Hoy no hay niebla y hay mucho sol. Condiciones ideales para cazar. Agarra sus rifles y se dirige al borde de la banquisa.

Otros cazadores están ya en posición y escudriñan el paisaje. A dos kilómetros, tres osos polares están al acecho.

Para atraer a las focas, los inuits raspan el hielo con su "tooq", un largo palo de madera que imita el sonido de los pinnípedos cuando cavan el agujero en el hielo que les permite respirar.

Cuando un cazador descubre uno, grita "¡Aanavaa!" [pronunciado "Anaua": "¡Aquí una foca!") y silba para atraer al animal. Si falla, los otros pueden disparar.

Le pasó a Martin ese día. Al día siguiente, mata a una foca barbuda desde una distancia de más de 200 metros y con ayuda de su rifle calibre 222 mm. Está orgulloso. "Los perros podrán comer", dice después de haberse apresurado en regresar a la barca antes de hundirse.

Al igual que Hjelmer, Martin es uno de los 10 cazadores profesionales de Ittoqqortoormitt. Son los únicos autorizados a abatir osos polares, un título que se concede si el 100% de sus ingresos procede de la caza.

"He cazado desde niño. Crecí entre cazadores, mi padre, mi abuelo", cuenta. Las condiciones, sin embargo, han cambiado. No tanto en la manera de hacerlo --con la emergencia de celulares, satélites o motos de nieve-- sino en las condiciones de vivir de ello.

"Hoy no queda mucho por cazar", dice Martin. "Las cuotas impuestas a los cazadores no funcionan".

Las pieles de oso, que sólo pueden venderse en Groenlandia desde el embargo impuesto por la Unión Europea en 2008, alcanzan los 2.000 euros; las de foca los 40 euros, menos de la mitad que antes de que se impusiera una prohibición en 2009, que finalmente se levantó para los inuit.

Martin regresa a casa. Su esposa, Charlotte Pike, está preparando una sopa de oso polar. Tomates, zanahorias, cebolla y curry rojo.

"Dado lo poco que ganamos con la caza (...) la vida es muy difícil", dice esta mujer de 40 años, que busca una alternativa económica acogiendo turistas en su casa.

"Por no hablar", sigue, "de todo lo que oímos en el mundo sobre matar animales, no comer carne (...). Es duro para nosotros".

Martin, que nunca fue a la escuela, espera que su hijo Noah, de ocho años, tenga un futuro distinto, alejado de la caza.

- De generación en generación -

Peter, el padre de Nukappiaaluk Hammeken, de 11 años, no es cazador profesional.

Gestiona una tienda de comestibles en este pueblo del fin del mundo, a 800 km del asentamiento humano más cercano, en Groenlandia, que se abastece por barco de carga una o dos veces al año.

Nukappiaaluk Hammeken, sin embargo, sueña con ser parte de esta élite que caza presas. Aunque su número disminuye con los años.

En la juventud de Hjelmer -su tío abuelo- "casi todos los hombres del pueblo" eran cazadores profesionales.

Nukappiaaluk tendrá que esperar hasta los 12 años para poder cazar por primera vez. Para convertirse en un profesional, deberá pasar por un largo aprendizaje con los ancianos.

El requisito son los perros de trineo, obligatorios para la caza profesional.

Hoy, el tímido chico prepara a mano los collares para sus nueve cachorros. "Quiere convertirse en cazador profesional, así que le explico cómo hacerlo", dice su padre, de 38 años.

En dos meses, sus perros podrán empezar a trabajar. Nukappiaaluk tendrá que aprender a adiestrarlos, dirigirlos por la voz para que alcancen 30 km/h y ganarse su respeto: el más mínimo error puede ser fatal en este entorno hostil.

También deberá aprender a entender a sus futuras presas. Su dieta, su hábitat y sus movimientos a medida que evolucionan con el clima. Así lo hicieron las generaciones de cazadores que le precedieron.

"Si no conoces a tus antepasados, no sabes quién eres", resume su hermano Marti, de 22 años.

mpr-om-cbw-dp/dbh-sag/zm

S.Wilson--ThChM