The China Mail - Un vestido azul, una canción, un grito en la montaña: lo que mantiene firmes a las mujeres afganas

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Un vestido azul, una canción, un grito en la montaña: lo que mantiene firmes a las mujeres afganas
Un vestido azul, una canción, un grito en la montaña: lo que mantiene firmes a las mujeres afganas / Foto: © AFP

Un vestido azul, una canción, un grito en la montaña: lo que mantiene firmes a las mujeres afganas

Se sienten encarceladas "como un pájaro al que le arrancaron las alas", pero siguen adelante, desafiantes a su manera. Cinco mujeres afganas hablaron con AFP sobre las cosas que las ayudan a sobrellevar una vida estrictamente controlada por las normas del gobierno talibán, desde cantar hasta subir a las montañas para gritar.

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Tienen prohibido estudiar más allá de los 12 años y acceder a numerosos espacios públicos, incluidos parques, piscinas, gimnasios y salones de belleza.

Deben cubrirse al salir de casa, dejando visible únicamente manos y ojos. Quienes infringen la ley se arriesgan a ir a prisión.

El líder supremo Haibatulá Ajundzadá insiste en que las mujeres fueron liberadas de la opresión desde que las autoridades talibanas regresaron al poder en 2021, imponiendo su estricta interpretación de la ley islámica.

Por su parte, la ONU afirma que las mujeres se enfrentan a un "apartheid de género".

La sensación de estar atrapadas aumenta a medida que Europa y Estados Unidos endurecen aún más sus normas de entrada, mientras que Irán y Pakistán expulsaron a 2,5 millones de afganos solo el año pasado.

"Todas las puertas están cerradas", comenta una de las mujeres, procedentes de distintas partes del país y cuya identidad AFP oculta por razones de seguridad.

- Cuaderno azul -

Sanam, de 25 años, quería estudiar Medicina, pero perdió su oportunidad cuando se revocó el acceso a las universidades para las mujeres en 2022.

"Me siento privada de mis derechos y enfadada porque nos los quitaron. Soy como un pájaro al que le arrancaron las alas", afirma.

Vive en un pueblo muy pobre, pero siente que está marcando la diferencia al enseñar en línea a 30 niñas y jóvenes.

Cada día "esperan a que les diga buenos días y les enseñe una nueva lección. Enseñar no está permitido y es un delito. Acepto este riesgo porque sé que es valioso y me hace sentir útil", subraya.

También atesora un cuaderno azul. "Para animarme, escribo allí recuerdos todos los días. Lo guardo en mi armario, entre mi ropa, para que nadie pueda acceder a él", explica.

"Las chicas de mi edad son libres fuera de Afganistán. Nosotras estamos en una jaula, no podemos estudiar, pero aun así lo intentamos, tenemos esperanza y seguimos adelante pese a todos los peligros", recalca.

- Gritar en las montañas -

Sayamoy, viuda de 34 años, vive en una casa de dos habitaciones en una de las mayores ciudades de Afganistán.

Su marido era un oficial militar, asesinado por combatientes talibanes antes de que tomaran el poder.

"Me siento muy triste y desearía no ser mujer. Pero cuando veo a mis hijos vuelvo a encontrar esperanza. Aunque mis ojos estén llenos de lágrimas, sigo sonriendo por ellos", describe.

"Les cuento historias imaginarias. Intento que sean motivadoras y alentadoras", añade, como relatos sobre una nueva casa con habitaciones y camas separadas.

Se gana la vida como limpiadora, pero también da clases a niños de primaria en su casa, señalando una pequeña pizarra blanca en la pared.

Como se espera que las mujeres vayan acompañadas en público por un hombre de su familia, recuerda que la rechazaron en una agencia inmobiliaria.

"Me dijeron: 'Váyase, señora. No tenemos ninguna casa en alquiler'", recuerda.

Cuando buscó ayuda del gobierno, le dijeron que se casara con un combatiente talibán. "El hombre armado (el combatiente) también estaba allí... Me asusté y no volví", cuenta.

Pero encuentra alivio junto a la tumba de su marido, en una llanura entre altas montañas. "No hay nadie que escuche mi voz. Allí grito mucho", dice, sintiendo que las montañas comparten su dolor cuando le devuelven el eco de sus gritos.

"Entonces mi corazón se vacía de tristeza y me siento aliviada", atestigua.

- Arreglarse y vestirse -

Hura, de 24 años, quería ser diplomática y estudiaba relaciones públicas y periodismo antes de que las universidades fueran cerradas a las mujeres.

"Todas las puertas están cerradas para las chicas. Solo la del matrimonio queda abierta y esa puerta me da miedo", indica, temiendo verse obligada a quedarse en casa.

"Lo que mejora mi ánimo es que tomo videos y fotos de mí misma y los publico", subraya con un piercing visible en la nariz.

En uno aparece con un vestido azul de terciopelo escotado, el cabello suelto y cantando en un país donde la música está prácticamente prohibida.

Otra publicación la muestra con un colorido vestido tradicional, sonriente y maquillada.

"Me siento libre porque esa foto es mi realidad, es quien quiero ser. Pero también tengo miedo", confiesa, tras haber oído que mujeres fueron encarceladas por publicaciones en redes sociales.

Sigue soñando con ser diplomática y quiere que mujeres en el extranjero la ayuden a acceder a cursos en línea para retomar sus estudios.

"Aunque mi cabello se vuelva blanco, no me rendiré hasta obtener mi máster", enfatiza.

- Música de estrellas exiliadas -

Shogofa, de 22 años, vive en una ciudad importante con sus padres y ocho hermanos.

Se suponía que sería profesora. "Rezo para algún día ser libre y poder estudiar sin miedo. Espero que algún día todas las niñas puedan reír libremente", detalla.

Extraña estudiar y a sus compañeras.

"Me gustaría volver a esos días, poder caminar, ver a mis amigas. Era muy feliz entonces y tenía esperanza en el futuro. Ahora, estoy en un rincón de mi casa y solo estudio en línea", describe.

Shogofa sufre de artritis y la música la ayuda. "Para animarme escucho música y veo programas de cocina. Escucho canciones de Aryana Sayeed y Farhad Darya", comenta, refiriéndose a estrellas que abandonaron Afganistán.

"Kabul Jaan", de Darya, fue la primera canción emitida en la radio nacional tras la salida del gobierno talibán en su primer mandato en 2001.

Sayeed, que fue jurado en el programa de televisión "Afghan Star", es conocida por canciones que denuncian la violencia contra las mujeres y recibió amenazas de muerte incluso antes de 2021.

- Leer historias de mujeres -

Mohjeza, de 30 años, trabajaba en una ONG apoyando a mujeres agricultoras, pero perdió su empleo el año pasado debido a los recortes de ayuda de Donald Trump.

Vive en una región montañosa con su madre y cinco hermanos, depende de la energía solar y tuvo que salir de casa en busca de señal telefónica para hablar con AFP.

"Me siento como una prisionera porque ni siquiera puedo ir al mercado sola. No hay un lugar público donde podamos respirar aire fresco unos minutos", añade.

Se ofrece como voluntaria para enseñar a niñas de su comunidad -lo que la "motiva a seguir adelante"- y aún da consejos a las agricultoras a las que ayudaba anteriormente.

"Hago ejercicio media hora por la mañana", relata.

También le encanta leer libros, que descarga y comparte con otras mujeres. "Los libros que suelo leer son sobre mujeres que pasaron por muchas dificultades. Sus historias me motivan a continuar", insiste.

Por el momento sigue atrapada en las montañas después de que le rechazaran una solicitud de visado para estudiar en China.

"Solicité asilo en Estados Unidos, pero desde que llegó Trump, todo se canceló. Mi mensaje para quienes están fuera de Afganistán es que nunca pierdan la esperanza", destaca.

K.Lam--ThChM