The China Mail - Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura

USD -
AED 3.672499
AFN 65.490979
ALL 82.012423
AMD 377.773158
ANG 1.79008
AOA 917.000329
ARS 1442.213897
AUD 1.435884
AWG 1.8
AZN 1.692558
BAM 1.659595
BBD 2.015639
BDT 122.394949
BGN 1.67937
BHD 0.37701
BIF 2965.596535
BMD 1
BND 1.27457
BOB 6.91481
BRL 5.276499
BSD 1.000776
BTN 90.44239
BWP 13.24927
BYN 2.866659
BYR 19600
BZD 2.012669
CAD 1.368225
CDF 2229.999794
CHF 0.778325
CLF 0.021932
CLP 865.999845
CNY 6.93805
CNH 6.93844
COP 3698
CRC 496.14758
CUC 1
CUP 26.5
CVE 93.565043
CZK 20.554984
DJF 178.211857
DKK 6.330925
DOP 63.157627
DZD 129.884887
EGP 46.851204
ERN 15
ETB 155.932472
EUR 0.84786
FJD 2.209499
FKP 0.732184
GBP 0.736898
GEL 2.694989
GGP 0.732184
GHS 10.987836
GIP 0.732184
GMD 73.000178
GNF 8783.310776
GTQ 7.675957
GYD 209.370505
HKD 7.813455
HNL 26.434899
HRK 6.389298
HTG 131.283861
HUF 321.370498
IDR 16891.2
ILS 3.12817
IMP 0.732184
INR 90.731986
IQD 1311.010794
IRR 42125.000158
ISK 122.77009
JEP 0.732184
JMD 156.523658
JOD 0.708973
JPY 157.065499
KES 129.000177
KGS 87.449784
KHR 4038.98126
KMF 419.000399
KPW 900.030004
KRW 1467.765017
KWD 0.30738
KYD 0.833956
KZT 493.576471
LAK 21509.911072
LBP 89638.030929
LKR 309.69554
LRD 186.137286
LSL 16.167606
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 6.339495
MAD 9.185352
MDL 17.007501
MGA 4427.737424
MKD 52.265163
MMK 2099.783213
MNT 3569.156954
MOP 8.05317
MRU 39.920067
MUR 46.060025
MVR 15.449954
MWK 1735.286131
MXN 17.37897
MYR 3.949497
MZN 63.749856
NAD 16.167606
NGN 1368.289941
NIO 36.826006
NOK 9.751415
NPR 144.708438
NZD 1.67184
OMR 0.38449
PAB 1.000776
PEN 3.36398
PGK 4.350519
PHP 58.483981
PKR 280.209677
PLN 3.574565
PYG 6608.484622
QAR 3.647395
RON 4.318595
RSD 99.537972
RUB 76.871084
RWF 1460.610278
SAR 3.750053
SBD 8.058149
SCR 13.88989
SDG 601.496786
SEK 9.07764
SGD 1.273885
SHP 0.750259
SLE 24.450177
SLL 20969.499267
SOS 570.904894
SRD 37.869768
STD 20697.981008
STN 20.789492
SVC 8.756194
SYP 11059.574895
SZL 16.159799
THB 31.694017
TJS 9.366941
TMT 3.505
TND 2.899825
TOP 2.40776
TRY 43.61475
TTD 6.776526
TWD 31.688005
TZS 2585.000435
UAH 43.184356
UGX 3572.383187
UYU 38.617377
UZS 12275.134071
VES 377.985125
VND 25965.5
VUV 119.687673
WST 2.726344
XAF 556.612755
XAG 0.013612
XAU 0.000206
XCD 2.70255
XCG 1.803594
XDR 0.692248
XOF 556.610394
XPF 101.198154
YER 238.40389
ZAR 16.17445
ZMK 9001.203421
ZMW 18.589121
ZWL 321.999592
Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura
Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura / Foto: © AFP/Archivos

Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura

Cada mes de abril, coincidiendo con las conmemoraciones del genocidio de 1994, Agatha, una ruandesa de etnia tutsi, apagaba la radio, se metía en la cama y se quedaba allí, tan inmersa en sus pensamientos que una vez su hija Agnes, de diez años, le preguntó si era una de las víctimas.

Tamaño del texto:

Fue la abuela de Agnes quién respondió a la pregunta. Y la respuesta la dejó helada. "Grité e inmediatamente empecé a tener miedo de mi madre, porque sentía que yo era una herida en su alma", recuerda Agnes, que ahora tiene 28 años.

De niña, se enteró de que su madre y su abuela formaban parte de las al menos 250.000 mujeres y niñas que, según datos de la ONU, fueron violadas por extremistas hutus durante el genocidio contra la minoría tutsi.

Debido al estigma asociado a la violación genocida, los nombres de ambas mujeres se han cambiado, a petición suya.

Agatha fue violada y secuestrada por un excompañero de clase hutu durante los 100 días que duró la masacre, que dejó 800.000 muertos, mayoritariamente tutsis, pero también hutus moderados.

Solo tenía 17 años cuando dio a luz, en Tanzania, adonde su violador la obligó a huir con él por temor a las represalias de la milicia rebelde tutsi que tomó el poder en julio de 1994, el Frente Patriótico Ruandés.

El agresor murió poco después.

Los familiares de Agatha la instaron a matar al bebé, pero ella se negó. Y, sin embargo, cada vez que miraba a Agnes lo hacía con dolor, por el futuro al que tuvo que renunciar.

Agatha soñaba con ser veterinaria para poder encargarse del gran rebaño de vacas de su familia.

- Discriminación -

Durante su infancia, la discriminación era el pan de cada día, incluso en la escuela, donde sus profesores hutus no ocultaban su desdén hacia los estudiantes tutsis.

Pero ella nunca se hubiera podido imaginar que un día vería a su padre siendo asesinado ante sus ojos y sus restos arrojados en una letrina por un vecino suyo, hutu.

En 1996, cuando volvió a Ruanda desde Tanzania, todo había cambiado. Las vacas se habían ido, el dinero era escaso y Agatha era "una niña que tenía una niña", como ella misma dice.

"Dios la crio, yo no. Yo no tenía las capacidades", explica Agatha, de 45 años, a la AFP.

A Agnes, su familia le dio de lado por ambas partes: sus parientes por parte de padre, hutus, la llamaban "serpiente" (una retórica estatal que atizó las masacres) y sus familiares por parte de madre la acusaban de perpetuar el linaje de los autores del genocidio.

A los 16 años, se fue de casa y trabajó como mesera y trabajadora sexual.

No regresó a su aldea natal, en el distrito de Ngoma, en el este, hasta 2018, cuando su primer esposo las abandonó a ella y a su hija al descubrir que Agnes era "fruto de una violación".

Se volvió a casar y tuvo otro hijo. En los cinco años siguientes, madre e hija llevaron una convivencia difícil, sin hablar sobre su pasado.

- Un largo camino por delante -

Los nacidos de una violación, que la oenegé Survivors Fund cifra en 20.000, no son reconocidos como víctimas de genocidio por el gobierno.

En 2020, la asociación Interpeace, radicada en Ginebra, empezó a organizar unos talleres para tratar el trauma generacional en Ruanda, un proyecto llamado "Mvura Nkuvure" ("Cúrame, yo te curo", en idioma kinyarwanda).

El año pasado, Agatha aceptó participar en uno. Durante tres meses, apenas habló, pero, al escuchar los relatos de los otros asistentes, se dio cuenta de que ella no era la única que vivía con una historia que estaba desesperada por olvidar.

Al poco, su hija empezó a asistir a sesiones con otro grupo. Desde el primer día, tomó la palabra, y durante las siguientes sesiones habló, habló y habló. "Me sentí aliviada (...) porque dije cosas que siempre me había asustado decir", relata.

La vergüenza que había arrastrado durante años empezó a disiparse, así como el enfado que sentía hacia su madre. "Me di cuenta de que todo lo que ella no me dio tampoco lo tuvo para sí", explica.

Clenie, el moderador que supervisó los talleres, dijo a la AFP que el proceso estaba destinado a ayudar a los participantes a "encontrar un terreno de entendimiento".

"Ruanda todavía tiene un largo camino por delante para curarse, pero hemos hecho algunos avances", apuntó.

Casi 30 años después del genocidio, Agatha afirma sentirse más fuerte de lo que se había sentido en años.

"Hay imágenes que no puedes borrar, no importa cuán fuerte lo intentes. Pero soy lo suficientemente valiente como para sobrellevar los malos recuerdos cuando aparecen".

S.Wilson--ThChM