The China Mail - Activistas luchan por visibilizar la violencia obstétrica

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Activistas luchan por visibilizar la violencia obstétrica
Activistas luchan por visibilizar la violencia obstétrica / Foto: © AFP

Activistas luchan por visibilizar la violencia obstétrica

Para Nahia Alkorta, el fallo de un comité de Naciones Unidas que determinó que había sufrido violencia obstétrica al dar a luz a su primer hijo fue un triunfo tras una década exigiendo justicia.

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Diagnosticada con estrés postraumático por lo ocurrido en un hospital en el norte de España en 2012, Alkorta recurrió a la ONU luego de fracasar en los tribunales españoles.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) de la ONU estableció en julio que soportó intervenciones injustificadas que constituían violencia obstétrica, entre ellas una cesárea sin consentimiento, inmovilización de sus brazos y prohibición de estar acompañada por su pareja.

"Desde que ha salido la resolución del CEDAW, más de cien mujeres se han puesto en contacto conmigo diciendo que a ellas también" les ha pasado, relata a la AFP Alkorta, vasca de 36 años.

Es algo "que no se habla por el dolor que genera, por la vergüenza, por el hecho de (pensar que) tendría que ser así", afirma.

El fallo del CEDAW, para quien la violencia obstétrica, un "fenómeno generalizado y sistemático", es aquella "sufrida por las mujeres durante la atención del parto en los centros de salud", pidió a España compensar a Alkorta por los daños físicos y sicológicos y velar porque se respeten los derechos reproductivos de las mujeres en los sistemas de salud y de justicia.

Esta decisión se produjo en momentos en que activistas en Europa buscan visibilizar la violencia obstétrica, muchas veces no reconocida.

Incluso algunas asociaciones médicas ponen en cuestión que pueda hablarse de violencia obstétrica.

"Las mujeres están contando otra historia", replica Alkorta.

- "Totalmente vendida" -

Pesadillas, insomnio, recuerdos traumáticos... Las secuelas para Alkorta fueron muchas tras el calvario que comenzó cuando rompió aguas a la semana 38.

En el hospital en San Sebastián, en el País Vasco (norte), le administraron oxitocina para inducir el parto sin explicación médica, pese a que estaba teniendo contracciones. Según ella, el personal comenzó a ponerse agresivo ante sus preguntas.

Al día siguiente, los ginecólogos decidieron hacerle una cesárea, sin consultarla y pese a que una matrona le aseguró que el parto progresaba.

"Les dije que me explicaran despacio, porque estaba muy cansada, y la explicación fue que sacarían el niño y que eran 40 minutos y listo", señala Alkorta, ahora madre de tres niños.

Con los brazos atados, un protocolo en algunos hospitales durante las cesáreas, y sin su esposo, impedido de acompañarla, sintió que quedó "totalmente vendida".

No fue sino luego de horas que Alkorta pudo abrazar a su hijo, totalmente sano.

En Europa, escasean las estadísticas sobre violencia obstétrica, pero según activistas las mujeres rutinariamente sufren de falta de información, comportamientos groseros o degradantes de parte del personal médico y, en algunos casos, prácticas peligrosas.

Una reciente iniciativa en Serbia para "Detener la violencia obstétrica" recogió 70.000 firmas en cinco días. Una de sus demandas era que el estado costeara un acompañante en la sala de parto, ya que actualmente algunos hospitales públicos cobran por permitirlo.

Según la petición, muchas mujeres en Serbia han sufrido insultos, humillaciones, negligencia y mala praxis médica.

Países como España e Italia han creado observatorios para la violencia obstétrica, pero según los activistas, pocos casos llegan a los tribunales.

"Nos contactan muchas madres que han sufrido partos traumáticos, pero casi ninguna termina presentando una demanda", afirma Nina Gelkova, de la organización búlgara Rodilnitza.

- Consentimiento y respeto -

En sus alegaciones ante el CEDAW, España, que respaldó a la justicia del país que absolvió al hospital, aseguró que no hay partos "a la carta".

"Yo no buscaba un parto a la carta, para nada, yo buscaba un trato humano y no lo recibí", responde Alkorta.

"Yo no estoy en contra de las intervenciones que están justificadas, salvan muchísimas vidas, pero el límite siempre tiene que ser el consentimiento y el respeto", subraya.

Francisca Fernández Guillén, abogada de Alkorta, explica que el personal médico o los familiares pueden minimizar las experiencias traumáticas durante el parto.

"En ocasiones, la pareja o la familia aconsejan a la mujer olvidar lo ocurrido", dice Fernández.

Pero la situación parece estar cambiando.

El vicepresidente de la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME), Daniel Morillas, indicó que en sus 16 años de trabajo como ayudante de parto ha sido testigo de una toma de conciencia de los derechos de las madres y de su rol activo al dar a luz, aunque piensa que aún queda camino por recorrer.

"Lo primero que tenemos que hacer para luchar contra la violencia obstétrica, es reconocer su existencia", señaló. Por suerte, muchos médicos y matronas "se han dado cuenta de que sí existe y están intentando cambiar", agrega.

A.Zhang--ThChM