The China Mail - Último golpe en Nueva York

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Último golpe en Nueva York




La victoria de Zohran Mamdani, un asambleísta de 34 años que se declara socialista democrático, marca un giro en la historia reciente de Nueva York. Su campaña centrada en la asequibilidad superó los pronósticos y acabó con la era de políticas moderadas en la ciudad. Su ascenso no estuvo exento de polémica: el presidente de Estados Unidos amenazó con recortar fondos federales y desplegar tropas de la Guardia Nacional si el nuevo alcalde mantenía su agenda de ciudad santuario. Esta tensión con Washington se suma a la incertidumbre financiera que ya afecta a la metrópoli.

Un programa ambicioso financiado con más impuestos
Mamdani anunció un paquete de medidas inéditas en la ciudad: congelar durante cuatro años los alquileres de un millón de apartamentos con renta regulada, construir 200 000 viviendas asequibles, ofrecer guardería gratuita para todos los niños menores de cinco años, hacer gratuito el transporte en autobús y abrir supermercados de propiedad municipal en barrios desatendidos. Según cálculos difundidos durante la campaña, sólo el transporte gratuito costaría unos 800 millones de dólares al año, la universalización de las guarderías hasta 6 000 millones de dólares, la construcción de viviendas y la implantación de supermercados públicos añadirían varios miles de millones más. Las estimaciones situaban el coste total de su programa en torno a 10 000 millones de dólares anuales, casi una décima parte del presupuesto municipal.

Para financiar estos proyectos, Mamdani propuso incrementar el impuesto de sociedades hasta el 11,5 %, equiparándolo al de Nueva Jersey, y aplicar un recargo del 2 % a las rentas superiores al millón de dólares. Actualmente, menos del 1 % de los contribuyentes de la ciudad paga alrededor del 40 % del impuesto sobre la renta, y los residentes con ingresos superiores a 25 millones ya soportan una tasa marginal combinada de 14,776 %, la más alta del país. Con el recargo propuesto, ese tipo subiría a 16,776 %. Este aumento coincide con el hecho de que la participación de la ciudad en el número de millonarios del país cayó del 6,5 % en 2010 al 4,2 % en 2022, una pérdida relativa que costó a Nueva York más de 2 500 millones de dólares en ingresos fiscales ese año. A pesar de que el número de millonarios casi se duplicó en el estado, el crecimiento se quedó muy por detrás del de Florida, Texas y California, donde se triplicó o cuadruplicó. Sólo en 2024 se marcharon 91 000 residentes netos hacia otros estados. El propio programa de Mamdani reconoce que la carga fiscal actual ya está entre las más elevadas del país, pero argumenta que los ingresos adicionales permitirán financiar servicios esenciales.

Un panorama fiscal precario
La ciudad llega a esta coyuntura con unas finanzas frágiles. Informes presupuestarios revelan que los gastos superaron a los ingresos en 636 millones de dólares en el ejercicio de 2023 y en 1 100 millones en 2024. Para 2025, el presupuesto preliminar registraba un déficit de 3 600 millones para mantener los servicios existentes. Los prepagos, que habían permitido equilibrar presupuestos anteriores, se redujeron de 6 100 millones en 2022 a poco más de 3 000 millones previstos en 2025. El plan financiero proyecta brechas de 7 200 millones en 2027, 7 900 millones en 2028 y 7 100 millones en 2029, equivalentes a cerca del 7 % de los ingresos tributarios de la ciudad. Otro análisis advertía que el acuerdo presupuestario para 2026 elevaba el gasto a más del doble de la inflación y dejaba huecos superiores a 9 000 millones de dólares para los años siguientes. Estas previsiones se elaboran en un momento en que el gobierno federal anuncia recortes en sanidad, alimentación y ayudas a la vivienda, lo que podría agravar el agujero. Así, la situación fiscal es ya tensa antes de aplicar las promesas del nuevo alcalde.

Éxodo de riqueza y deterioro de los servicios
El aumento de impuestos planeado choca con un problema estructural: Nueva York necesita atraer y retener a contribuyentes de alto nivel para sostener sus servicios. Según análisis recientes, si la ciudad hubiera mantenido su cuota de millonarios de 2010, habría recaudado 2 500 millones de dólares adicionales en 2022; el estado habría ingresado 10 700 millones más. El 1 % de los contribuyentes aporta cerca del 40 % de los impuestos sobre la renta, pero su participación se ha reducido pese a duplicarse el número de millonarios. Florida, por ejemplo, cuadruplicó su número de millonarios entre 2010 y 2022. La combinación de tipos impositivos altos y un valor percibido decreciente está llevando a más residentes a marcharse: las encuestas muestran que sólo el 34 % de los neoyorquinos califican la calidad de vida como buena o excelente y apenas el 27 % valora positivamente los servicios públicos. El teletrabajo y el alto coste de la vivienda permiten a muchos trabajadores con salarios elevados trasladarse a otros estados sin renunciar a sus carreras. Esta fuga no se limita a los ricos: familias de ingresos medios también abandonan la ciudad ante la falta de vivienda asequible y el deterioro de la infraestructura.

Cabe señalar que algunos economistas sostienen que el éxodo de millonarios por motivos fiscales es limitado. Estudios sobre declaraciones fiscales indican que sólo alrededor del 0,2 % de los contribuyentes con ingresos superiores a 815 000 dólares abandonaron el estado tras el aumento de impuestos de 2021 y que, cuando se mudan, la mayoría elige estados con impuestos elevados. Sin embargo, estas investigaciones también concluyen que la ciudad no sólo necesita conservar a los millonarios actuales, sino atraer nuevos. La pérdida relativa de riqueza implica menos ingresos para financiar la red de protección social que el alcalde promete ampliar.

Crisis de vivienda y explosión del sinhogarismo
El contexto social es igual de preocupante. La crisis de vivienda alcanza niveles históricos: la tasa de vacantes para apartamentos de menos de 1 100 dólares mensuales se sitúa en apenas el 0,39 %, rozando el cero funcional. En 2024 se construyeron apenas 2 063 viviendas accesibles para los más de 820 000 hogares de ingresos extremadamente bajos. La escasez ha disparado los alquileres y llevado a miles de familias a abandonar la ciudad o a vivir hacinadas. La consecuencia visible es un aumento espectacular del sinhogarismo. La población en albergues se disparó un 142 % entre marzo de 2022 y enero de 2024, pasando de 55 702 a 134 963 personas; entre los neoyorquinos de larga duración, el número en refugios creció un 11,5 % sólo en 2024. Informes oficiales indican que una de cada tres personas sin hogar es menor de edad y que el número de niños sin hogar en Nueva York se elevó de 20 299 en 2022 a 50 773 en 2024. En el curso 2024-2025 se registraron más de 154 000 estudiantes sin vivienda, cifra que duplica la de hace once años y que supone uno de cada siete alumnos de la red pública; unos 65 000 de ellos viven en refugios. Esta realidad incide en su rendimiento escolar: los niños en situación de sinhogarismo tienen tasas más altas de ausentismo y abandono escolar.

Mientras tanto, las políticas recientes han tenido resultados limitados. Operativos para desmantelar campamentos callejeros sólo lograron que un 3 % de las personas desalojadas obtuvieran vivienda permanente. La falta de apartamentos asequibles y de programas de apoyo prolonga la estancia en albergues y agrava la crisis. El próximo gobierno aspira a cambiar este panorama con un ambicioso programa de construcción y con un congelamiento de rentas; sin embargo, la magnitud de la crisis y la lentitud con la que se desarrollan nuevas viviendas plantean dudas sobre la eficacia de estas medidas a corto plazo.

Transporte y servicios públicos en el centro del debate
Uno de los emblemas de la agenda de Mamdani es la gratuidad del autobús. En 2024, la evasión de tarifas en los autobuses costó unos 315 millones de dólares. El plan del nuevo alcalde pretende eliminar por completo el cobro de billetes y compensar al operador de transportes con fondos públicos. El coste estimado es de 800 millones de dólares al año, una cifra que, según sus defensores, es modesta respecto al presupuesto de la ciudad y del estado. Sin embargo, la autoridad de transportes fija las tarifas y se financia en parte con esos ingresos. La gobernadora estatal ya advirtió que no puede respaldar una medida que retire recursos de un sistema que depende de las tarifas; a cambio, señaló que estudia la expansión de un programa de guardería universal en todo el estado, cuyo coste ascendería a 15 000 millones de dólares anuales.

Otra pieza central de la plataforma del alcalde es la creación del Departamento de Seguridad Comunitaria, un organismo civil con un presupuesto previsto de 1 100 millones de dólares. Este departamento asumiría competencias que hoy recaen en la policía, como la respuesta a crisis de salud mental o la atención a personas sin hogar en el metro. El plan destina 605 millones provenientes de programas existentes y aporta 455 millones de financiación nueva, con el objetivo declarado de “prevenir la violencia antes de que ocurra” mediante una aproximación de salud pública. Incluye aumentar en un 275 % la financiación del sistema de mediadores de crisis y desplegar equipos de profesionales de salud mental y compañeros de experiencia en 100 estaciones de metro. Críticos del plan, entre ellos enfermeros que trabajan en los equipos de intervención, advierten que retirar a la policía puede poner en peligro a los trabajadores y a las personas en crisis. La propia reducción de delitos graves en el metro durante los primeros meses de 2025 se atribuyó al aumento de patrullas y a la incorporación de 750 agentes adicionales en los trenes nocturnos.

El alcalde entrante, que en el pasado apoyó abiertamente reducir el presupuesto policial, moderó su discurso en campaña y anunció que mantendrá a la actual comisionada de policía y que no recortará la plantilla de 35 000 agentes. Al mismo tiempo, propugna el cierre de la cárcel de Rikers Island y la construcción de cuatro cárceles en los condados, un proyecto cuya factura se ha duplicado hasta rozar los 16 000 millones y que enfrenta retrasos significativos.

Seguridad, calidad de vida y percepción ciudadana
Los datos de 2025 muestran mejoras en algunos indicadores de seguridad: los homicidios bajaron un 6 % respecto al año anterior, los robos un 17 % y los tiroteos un 14 %. No obstante, la delincuencia sigue un 30 % por encima de los niveles de 2019 y los asaltos continúan siendo elevados. Las encuestas reflejan que sólo el 42 % de los residentes percibe su barrio como seguro, y la calidad de vida se resiente por problemas como el deterioro del transporte público, la suciedad en las calles y los retrasos en los servicios. La combinación de inseguridad relativa, infraestructuras envejecidas y altos impuestos hace que muchos cuestionen el “valor” de permanecer en la ciudad. La administración actual ha invertido en mejoras puntuales —la construcción o preservación de 28 000 viviendas asequibles superó los objetivos en un 41 %, las reparaciones de baches aumentaron un 17 % y las denuncias por roedores se redujeron a un mínimo quinquenal—, pero estas cifras no han invertido la sensación general de declive.

El riesgo de un golpe final
La combinación de un programa de gasto social sin precedentes, unas finanzas municipales tensas y un éxodo sostenido de residentes constituye un cóctel explosivo. Mamdani sostiene que sus políticas replican modelos europeos de bienestar y que la inversión en servicios como guarderías y transporte gratuito reducirá el coste de la vida, estimulará la economía y mejorará la seguridad pública. Sus defensores señalan que en países como Portugal o Finlandia el transporte público y el cuidado infantil gratuitos son la norma y que los resultados son positivos. Sin embargo, Nueva York parte de una situación fiscal distinta y afronta una pérdida de capital humano y financiero que no experimentan esas ciudades. La pregunta central es si la ciudad puede permitirse ampliar el gasto en este contexto sin provocar una espiral descendente.

En el mejor de los casos, el éxito del programa depende de obtener autorización estatal para aumentar impuestos y de que estos aumentos no expulsen a quienes sostienen la base fiscal. Depende también de que la ciudad logre contener sus costes, mejorar sus servicios y acelerar la construcción de vivienda asequible. En el peor escenario, la combinación de déficit crecientes, fuga de contribuyentes, deterioro de la calidad de vida y recortes federales haría inviable financiar la red de seguridad social que Mamdani promete expandir. Nueva York lleva años en caída libre; el reto del nuevo alcalde es evitar que un experimento socialista, por noble que sea en sus objetivos, se convierta en el último golpe a la ciudad.