The China Mail - Algo extraño en Hong Kong

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Algo extraño en Hong Kong




Hong Kong era una ciudad conocida por sus rascacielos, su estado de derecho y su aperturismo. Sin embargo, en los últimos dos años el territorio ha experimentado cambios profundos que han sacudido su vida política, económica y social. La aprobación en marzo de 2024 de la Ordenanza para Salvaguardar la Seguridad Nacional (artículo 23) marcó un punto de inflexión. Esta norma, que amplía la Ley de Seguridad Nacional impuesta por Pekín en 2020, introduce delitos como traición, sabotaje o robo de secretos de Estado y prevé penas de cadena perpetua. Desde su entrada en vigor, al menos 16 personas han sido detenidas por sedición y cinco de ellas encarceladas por actos pacíficos como llevar camisetas con lemas, criticar al gobierno en internet o escribir consignas en los asientos de un autobús. La norma refuerza la presunción contra la libertad bajo fianza e incluso permite negar la liberación anticipada a quienes ya cumplen condena si se considera que su salida “contraviene la seguridad nacional”. Organizaciones de derechos humanos denuncian que más de 1 900 personas se encuentran presas por motivos políticos desde 2019 y que 45 figuras prodemocracia fueron condenadas a entre cuatro y diez años de prisión por organizar unas primarias informales en 2020.

La represión no se limita al territorio. Las autoridades han extendido el alcance del artículo 23 a activistas exiliados: se han emitido órdenes de arresto y se han cancelado pasaportes de trece personas en el extranjero, acompañadas de recompensas de hasta un millón de dólares de Hong Kong. A finales de julio de 2025, la policía anunció recompensas para 19 activistas exiliados acusados de “subversión” y, en agosto, retiró los pasaportes de doce de ellos. Este uso extraterritorial de la normativa demuestra la disposición de Hong Kong a perseguir la disidencia más allá de sus fronteras.

El clima de miedo ha provocado un éxodo sin precedentes. Entre 2020 y 2023 el gobierno británico concedió visados a al menos 135 000 hongkoneses, y el jefe del Ejecutivo reconoció en 2022 que la ciudad había perdido unos 140 000 trabajadores. En respuesta, las autoridades han lanzado programas para atraer mano de obra cualificada del extranjero, sobre todo de China continental. La rebaja del impuesto de timbre para compradores no residentes disparó las ventas de viviendas: en el barrio de Kai Tak tres de cada cuatro compradores proceden del continente, y en marzo de 2024 hubo 4 200 transacciones, frente a las 10 500 de todo 2023. Más de 100 000 personas se han trasladado a Hong Kong en los últimos años, la mayoría procedentes del continente. Programas como el “Arreglo de Inmigración para Graduados no Locales” concedieron en 2023 más de 26 000 permisos, de los cuales 24 650 fueron para solicitantes chinos, y el plan “Top Talent” aprobó casi 70 000 solicitudes, más del 90 % de ellas de residentes en China. El resultado es una transformación demográfica: el censo de mediados de 2025 cifró la población en 7 527 500 habitantes, sólo 3 400 más que un año antes, gracias a un flujo neto de 18 200 personas que compensó 50 000 fallecimientos.

La economía no ha salido indemne. Hong Kong sigue siendo uno de los mercados inmobiliarios más caros del mundo, pero los precios de la vivienda han caído más del 30 % desde 2021 debido a la pandemia, el alza de los tipos de interés estadounidenses y la creciente tensión entre China y Estados Unidos. El desplome ha afectado a inversores y bancos: algunas personas han perdido sus viviendas, varios promotores se han declarado en quiebra y la ratio de préstamos dudosos de entidades como Hang Seng Bank pasó del 1,04 % al 6,69 % debido al deterioro de su cartera de préstamos inmobiliarios comerciales. Ante las escasas ventas y el aumento de la desocupación, el gobierno suspendió la venta de terrenos comerciales y busca compradores entre grandes empresas estatales chinas. A esto se suma la debilidad bursátil: el índice Hang Seng llegó a estar más de un 40 % por debajo del nivel de 2019, reflejo de la desconfianza de inversores extranjeros ante la falta de transparencia y la interferencia política.

En paralelo a esta crisis política y económica, Hong Kong ha vivido sucesos insólitos. En octubre de 2024 murieron doce monos del Zoológico y Jardín Botánico a causa de la melioidosis, una infección provocada por la bacteria Burkholderia pseudomallei que se transmite a través de la tierra o el agua contaminada. Las autoridades atribuyeron el brote a trabajos de excavación en el recinto y adoptaron medidas de aislamiento para proteger a los animales y al personal. Ese mismo mes, un equipo de paleontólogos anunció el hallazgo de los primeros fósiles de dinosaurio en la historia de la ciudad. Los restos, encontrados en la deshabitada isla de Port Island, pertenecen a un gran dinosaurio del período Cretácico y su estudio podría ofrecer nuevas pistas sobre la paleobiogeografía de la región. Para permitir la investigación, la isla fue cerrada al público y los fósiles se exhiben en un centro de patrimonio local.

El deterioro de las libertades, la transformación demográfica forzada y las turbulencias económicas han alterado el rostro de una ciudad que durante décadas se presentaba como puente entre Oriente y Occidente. Las marchas multitudinarias del 1 de julio, símbolo de la vitalidad cívica, han desaparecido; llevar una camiseta con un lema puede acarrear cárcel; periodistas y opositores han huido al extranjero y se enfrentan a recompensas; y los juzgados se llenan de procesos que duran cientos de días. Al mismo tiempo, un flujo de recién llegados compra apartamentos de lujo y llena las vitrinas, mientras los hongkoneses de toda la vida emigran a Reino Unido o Canadá. La aparición de enfermedades en zoológicos y hallazgos paleontológicos completan la sensación de que algo extraño sucede en Hong Kong. Lo que para muchos era un refugio de libertades se ha convertido en un laboratorio de represión política, reconfiguración social y ajustes económicos cuya evolución seguirá siendo observada con atención.