The China Mail - ¿Se repite la burbuja de IA?

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¿Se repite la burbuja de IA?




En el cambio de siglo, la burbuja de las puntocom arrasó con un valor de mercado de 1,7 billones de dólares y provocó que la economía mundial perdiera unos 5 billones. Aquella euforia bursátil se alimentó de empresas sin beneficios, modelos de negocio basados en publicidad y valoraciones que superaban con creces los ingresos reales. Más de dos décadas después, un nuevo furor tecnológico —liderado por la inteligencia artificial (IA)— hace que muchos se pregunten si la historia está a punto de repetirse. El repunte de las acciones tecnológicas en 2025, impulsado por un grupo de gigantes que representan casi el 30 % del índice S&P 500, y el crecimiento explosivo de las inversiones en IA están avivando comparaciones con el pasado.

Inversión masiva y preocupación por el gasto
Las cifras respaldan el temor de una nueva burbuja. Las mayores compañías tecnológicas han comprometido unos 440 000 millones de dólares en gastos de capital para reforzar sus centros de datos y procesar modelos de IA. OpenAI, la empresa que popularizó los grandes modelos de lenguaje, ha firmado acuerdos que implican un gasto superior a un billón de dólares en infraestructura, mientras que otras como Anthropic y Databricks han captado financiaciones multimillonarias que elevan sus valoraciones a centenares de miles de millones. La consecuencia es que las firmas de capital riesgo han invertido en startups de IA 258 700 millones de dólares en 2025, lo que representa el 61 % de toda la inversión global en capital riesgo.

Este frenesí recuerda a los excesos de los años noventa, pero hay diferencias notables. Las valoraciones de referencia siguen siendo elevadas —el S&P 500 cotiza a unas 23 veces los beneficios estimados, niveles no vistos desde la burbuja de las puntocom—, aunque están lejos de los 60 veces de 2000. Además, las grandes empresas de IA generan beneficios reales y cuentan con márgenes de explotación sólidos, a diferencia de muchas puntocom que nunca fueron rentables. Sin embargo, la preocupación persiste: en octubre de 2025, más de la mitad de los gestores de fondos encuestados consideraban que las acciones vinculadas a la IA se encontraban en territorio de burbuja y advertían de una posible corrección significativa entre 2026 y 2028.

Concentración y riesgos de crédito
La concentración del mercado es otro signo de posible inestabilidad. En el índice S&P 500, los 10 mayores valores representan cerca del 40 % del total, un nivel que no se veía desde la década de 1960. Empresas como Nvidia han multiplicado su valor hasta alcanzar cerca de 4,3 billones de dólares de capitalización bursátil en febrero de 2026 y cotizan a 47 veces sus beneficios. Algunos críticos señalan que una parte del crecimiento está inflada por estructuras financieras complejas y circulares, en las que los proveedores de capacidad de cómputo venden servicios a las mismas empresas que los financian. Estas relaciones pueden generar ingresos artificiales y se volverán vulnerables si cambian las condiciones de financiación.

Los riesgos también se esconden en el endeudamiento. El auge de la IA ha alentado a corporaciones como Oracle a emitir miles de millones en bonos, lo que provocó caídas notables de sus acciones tras las colocaciones. Algunos analistas temen que la necesidad de captar capital para financiar la carrera de la IA pueda desencadenar tensiones en los mercados de crédito y que la corrección llegue de la mano de un endurecimiento monetario.

Señales de alarma y matices históricos
Históricamente, las grandes innovaciones tecnológicas han dado lugar a burbujas financieras que posteriormente se han desinflado. Estudios de más de 300 burbujas muestran que los mercados tienden a regresar a su tendencia de largo plazo y que las divergencias extremas siempre terminan corrigiéndose. El auge de la IA se ajusta a este patrón: el lanzamiento de ChatGPT en 2022 reavivó un mercado bajista y actuó como “cohete multietapa” que impulsó las acciones tecnológicas. Sin embargo, los expertos destacan que hoy existen diferencias estructurales: la IA ya está ampliamente integrada en la economía —el 71 % de las organizaciones utilizan modelos generativos en algún proceso— y las ganancias de productividad son reales. Los niveles de deuda son menores que en 2000 y la mayoría de los líderes del sector obtiene beneficios.

Voces del público y el debate social
Más allá de los datos, el debate sobre una posible burbuja de la IA ha penetrado en la sociedad. En foros y redes sociales abundan comentarios de desarrolladores y profesionales que utilizan la IA como una herramienta auxiliar y desconfían de las expectativas exageradas; algunos la comparan con las “criptoburbujas” de años recientes y alertan del número de especuladores atraídos por la moda. Hay quien denuncia que se han invertido miles de millones en generadores de imágenes y chatbots mientras se prometía curar el cáncer y resolver grandes problemas sociales. Otros señalan el enorme consumo energético de los modelos de IA y la vulnerabilidad de las cadenas de suministro: la crisis en el estrecho de Ormuz, afirman, podría encarecer aún más la electricidad que alimenta los centros de datos.

Algunos comentaristas creen que la verdadera burbuja aún no ha comenzado, precisamente porque muchos inversores desconfían y actúan con cautela. Para ellos, la burbuja se inflará cuando el escepticismo desaparezca y el público compre sin reservas. Otros creen que la IA salió al mercado demasiado pronto, con modelos todavía inmaduros y hardware caro, y que hubiera sido más sensato esperar a que la tecnología madurara y se aplicara en áreas específicas donde aporta valor claro. No faltan quienes temen que, si se produce una corrección brusca, los gobiernos terminarán rescatando a las empresas afectadas con dinero de los contribuyentes. Estas opiniones reflejan un sentimiento generalizado de precaución y cansancio ante la promoción excesiva.

¿Repetición o nueva era?
Por todo ello, la pregunta de si estamos ante la mayor burbuja tecnológica de la historia no admite una respuesta simple. Los indicadores de valoración y la rapidez de la inversión sugieren un entorno de exuberancia que podría desembocar en un ajuste severo. Sin embargo, las diferencias respecto a la burbuja de las puntocom —beneficios reales, adopción generalizada y fundamentos más sólidos— hacen pensar que, en caso de corrección, será selectiva y no necesariamente sistémica. El reto para gobiernos, empresas e inversores será gestionar el equilibrio entre innovación y prudencia, evitando caer en el mismo entusiasmo irracional que caracterizó a la burbuja de 2000. Por ahora, la historia ofrece una advertencia: las innovaciones transformadoras suelen venir acompañadas de manías financieras, y aunque el desenlace puede ser doloroso, también puede dar paso a un ecosistema más sólido y sostenible.