The China Mail - EEUU domina el oro venezolano

USD -
AED 3.67315
AFN 63.999854
ALL 81.303924
AMD 369.999856
ANG 1.789884
AOA 917.99987
ARS 1387.732402
AUD 1.382696
AWG 1.80125
AZN 1.701538
BAM 1.65949
BBD 2.014662
BDT 122.963617
BGN 1.668102
BHD 0.37735
BIF 2975
BMD 1
BND 1.266376
BOB 6.911825
BRL 4.939797
BSD 1.000288
BTN 94.642615
BWP 13.384978
BYN 2.824803
BYR 19600
BZD 2.011777
CAD 1.36295
CDF 2316.0003
CHF 0.778199
CLF 0.022779
CLP 896.529694
CNY 6.81125
CNH 6.81345
COP 3726.85
CRC 456.404426
CUC 1
CUP 26.5
CVE 93.950108
CZK 20.77875
DJF 177.7199
DKK 6.36165
DOP 59.549388
DZD 132.320988
EGP 52.719712
ERN 15
ETB 157.093427
EUR 0.851315
FJD 2.18395
FKP 0.736622
GBP 0.73565
GEL 2.679803
GGP 0.736622
GHS 11.249871
GIP 0.736622
GMD 73.479026
GNF 8780.000088
GTQ 7.635589
GYD 209.238393
HKD 7.835498
HNL 26.629766
HRK 6.413501
HTG 130.892895
HUF 305.415995
IDR 17317.7
ILS 2.903605
IMP 0.736622
INR 94.531704
IQD 1310
IRR 1313000.000151
ISK 122.409629
JEP 0.736622
JMD 157.609595
JOD 0.708977
JPY 156.324991
KES 129.179689
KGS 87.420501
KHR 4013.507442
KMF 419.000003
KPW 900.003495
KRW 1446.390023
KWD 0.30794
KYD 0.83356
KZT 463.200855
LAK 21969.999848
LBP 89381.099728
LKR 320.221287
LRD 183.575002
LSL 16.534975
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 6.33992
MAD 9.198503
MDL 17.194712
MGA 4159.999565
MKD 52.465393
MMK 2099.549246
MNT 3579.649525
MOP 8.073157
MRU 39.898247
MUR 46.790081
MVR 15.455003
MWK 1742.000159
MXN 17.257698
MYR 3.924979
MZN 63.909889
NAD 16.534973
NGN 1362.560492
NIO 36.719754
NOK 9.28215
NPR 151.428014
NZD 1.676953
OMR 0.384547
PAB 1.000288
PEN 3.462502
PGK 4.33825
PHP 60.790139
PKR 278.774999
PLN 3.60278
PYG 6121.903517
QAR 3.644029
RON 4.483027
RSD 99.928037
RUB 74.759728
RWF 1460
SAR 3.745223
SBD 8.019432
SCR 13.934011
SDG 600.504601
SEK 9.25531
SGD 1.267803
SHP 0.746601
SLE 24.650148
SLL 20969.496166
SOS 571.49969
SRD 37.410993
STD 20697.981008
STN 21.2
SVC 8.752206
SYP 111.203697
SZL 16.539891
THB 32.209914
TJS 9.347679
TMT 3.505
TND 2.872499
TOP 2.40776
TRY 45.230075
TTD 6.778611
TWD 31.387972
TZS 2592.182996
UAH 43.857246
UGX 3761.369807
UYU 40.193288
UZS 12075.00027
VES 493.496435
VND 26325
VUV 118.250426
WST 2.722585
XAF 556.574973
XAG 0.012928
XAU 0.000213
XCD 2.70255
XCG 1.802793
XDR 0.696429
XOF 557.510149
XPF 101.87499
YER 238.625003
ZAR 16.39367
ZMK 9001.201118
ZMW 18.930729
ZWL 321.999592

EEUU domina el oro venezolano




El derrocamiento del presidente Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 por fuerzas estadounidenses reconfiguró el poder en Venezuela. Delcy Rodríguez, quien había sido vicepresidenta bajo el chavismo, asumió interinamente la jefatura del Estado. La nueva administración busca reactivar la maltrecha economía y ha aceptado la estrecha tutela de Washington a cambio de aliviar sanciones. Estados Unidos, por su parte, persigue dos objetivos: asegurar el suministro de recursos naturales y tener mayor influencia en el proceso de transición.

Aunque Washington levantó el bloqueo directo al oro venezolano, no devolvió el control completo al gobierno interino. En enero se supo que unas 31 toneladas de oro —el 15 % de las reservas venezolanas— permanecen congeladas en el Banco de Inglaterra; el valor, estimado en 1.950 millones de dólares en 2020, hoy supera los 3 mil millones. Gran Bretaña mantiene el bloqueo porque no reconoce a la administración de Rodríguez y, según la ministra británica Yvette Cooper, pretende presionar para que Venezuela “transite a la democracia”. Este oro, depositado en Londres desde los años ochenta, es una de las piezas claves en el ajedrez geopolítico y aún no se sabe cuándo podrá ser liberado.

La “Licencia General 51” y sus implicaciones
El 27 de marzo de 2026 el Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió la Licencia General 51 A (GL51A) que autoriza a empresas estadounidenses a comprar, transportar y vender minerales de origen venezolano, incluido el oro. La licencia sustituyó a la anterior GL51, ampliando la autorización para minerales distintos del oro y complementándose con otras licencias (GL54 y GL55) que permiten proporcionar bienes y servicios al sector minero y negociar contratos.

Sin embargo, impone varias restricciones:
- No permite la extracción ni el refinado dentro de Venezuela, de modo que las actividades deben realizarse fuera del territorio o con metales ya extraídos.
- Prohíbe transacciones con Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba o China, y excluye el uso de criptomonedas emitidas por el gobierno venezolano.
- Obliga a que los pagos se canalicen a través de un fondo depositario controlado por el Tesoro estadounidense, lo que otorga a Washington capacidad de retener o administrar ingresos.
- Exige que las empresas reporten detalles de las operaciones y de la cadena de custodia en un plazo de diez días y de forma periódica. Washington justifica estas medidas como un incentivo para atraer inversión y formalizar un sector dominado por la minería ilegal, pero los críticos señalan que equivalen a entregar la riqueza venezolana a firmas extranjeras bajo supervisión norteamericana.

Transporte de oro y apertura del sector
Poco después de la aprobación de la licencia, Estados Unidos trasladó barras de oro valoradas en 100 millones de dólares desde Venezuela —la primera operación de este tipo en más de dos décadas. El secretario estadounidense del Interior, Doug Burgum, visitó Caracas a inicios de marzo y anunció la operación en un foro energético en Texas, afirmando que la industria minera venezolana estaba “colapsada” y dominada por bandas, pero que observó voluntad oficial para modernizarla. Burgum viajó acompañado de ejecutivos petroleros y mineros y se reunió más de diez horas con Delcy Rodríguez. El oro transportado será utilizado para inversiones industriales y establece un precedente de cooperación que antes estaba prohibido por las sanciones.

Paralelamente, la Asamblea Nacional discute un proyecto de ley de minas que ampliaría las concesiones y permitiría contratos de hasta 20 años con empresas privadas. La reforma prevé rebajar impuestos y permitir arbitrajes internacionales. Estos cambios han despertado el interés de conglomerados occidentales; la canadiense Roland Mineral Enterprises anunció que buscará “agresivamente” adquirir proyectos mineros en Venezuela. Para el gobierno interino, la minería se ha convertido en motor clave para atraer divisas y reconstruir la economía.

Controversia ambiental y social
El anuncio de la licencia y de la apertura minera generó fuerte oposición entre organizaciones ambientales y de derechos humanos. La ONG SOS Orinoco advirtió que la licencia legitima un ecocidio: el Arco Minero del Orinoco —una región de 112 000 kilómetros cuadrados— está plagado de minería ilegal, uso de mercurio y presencia de grupos armados, lo que ha provocado contaminación irreversible de ríos y bosques. Según un informe elaborado con World Heritage Watch, al menos 1 500 hectáreas dentro del Parque Nacional Canaima (Patrimonio de la Humanidad) están afectadas por la extracción clandestina. La explotación se realiza sin consultar a comunidades indígenas y bajo un sistema de concesiones opaco.

Las organizaciones sostienen que sustituir a Maduro por Delcy Rodríguez no ha modificado el modelo extractivista: el Estado trata el sur del país como un “feudo minero”, permitiendo que funcionarios y militares se enriquezcan mientras se violan derechos humanos. Denuncian además negociaciones para vender hasta una tonelada de oro a la firma comercial Trafigura, lo que, a su juicio, lavaría capitales obtenidos en zonas controladas por bandas criminales. Frente a ello, activistas piden que las compras de oro incluyan debida diligencia en toda la cadena de suministro, así como medidas para proteger a los pueblos indígenas y a la Amazonía.

Historia reciente de las reservas de oro venezolanas
La presión sobre el oro venezolano no es nueva. Entre 2012 y 2018, el país vendió grandes cantidades de oro para obtener liquidez; las reservas del Banco Central cayeron de 366 a aproximadamente 53 toneladas. Gran parte de la producción del Arco Minero fue exportada irregularmente a Turquía, Irán, Rusia y Emiratos Árabes Unidos, a veces a cambio de alimentos o gasolina. Sólo alrededor del 30 % del oro producido llegaba al Banco Central, según antiguos trabajadores; el resto era contrabandeado por comerciantes chinos, turcos o brasileños.

En el país se han registrado además tragedias humanas vinculadas a la minería. En octubre de 2025, el derrumbe de una mina artesanal en El Callao dejó al menos 14 muertos, subrayando la precariedad y falta de supervisión en las explotaciones auríferas. Estos accidentes ponen de relieve el desprecio sistemático por la seguridad laboral en las minas ilegales y el costo humano de un negocio multimillonario.

Reacción de la sociedad y percepciones populares
A nivel interno, la noticia del acercamiento entre Caracas y Washington generó sentimientos encontrados. Sectores opositores celebran la caída de Maduro y confían en que la alianza con Estados Unidos traerá inversiones y estabilidad; algunos ven a Delcy Rodríguez como una administradora pragmática que intenta normalizar la economía. Otros, en cambio, temen que el país se convierta en un protectorado estadounidense y que el oro termine beneficiando a corporaciones extranjeras mientras la mayoría sigue empobrecida. La desconfianza hacia el gobierno interino es evidente: activistas cuestionan que figuras asociadas al chavismo controlen el proceso de apertura y advierten que pueden repetirse prácticas corruptas. También surgen expresiones de orgullo nacionalista y resistencia: hay quienes proclaman que defenderán la soberanía y que el oro no debería salir sin consultar al pueblo.

En redes sociales, muchos venezolanos han mostrado preocupación por el impacto ambiental y social de la minería, exigiendo que cualquier acuerdo garantice transparencia y reparación para las comunidades afectadas. Algunos comentarios satíricos comparan a la presidenta interina con caricaturas, reflejando la burla hacia la clase política. Otros ironizan con que la captura de Maduro sólo “cambia de dueño” la riqueza del país. En general, la discusión pública revela una mezcla de esperanza, escepticismo y resentimiento ante un proceso que podría redefinir el futuro de Venezuela.

Posibles consecuencias y escenarios
- Dependencia de Washington: Al centralizar los pagos en un fondo controlado por el Tesoro estadounidense y fijar las condiciones de los contratos, EE UU se asegura un rol de auditor y acreedor. Aunque esto podría facilitar la formalización del sector, limita la capacidad de Venezuela para decidir sobre sus propios recursos.
- Aumento de la extracción y riesgo ambiental: La combinación de nuevas licencias y la reforma de la ley de minas probablemente intensificará la explotación del oro. Sin una fiscalización rigurosa, es posible que se reproduzcan los mismos patrones de degradación ecológica denunciados por las ONG. Las comunidades indígenas podrían verse más afectadas si la expansión ocurre en zonas protegidas.
- Reordenamiento geopolítico: La exclusión de Rusia, Irán y China de las operaciones y la preferencia por empresas occidentales supone un alineamiento estratégico con Washington. Esto podría tensar las relaciones con países que habían apoyado al chavismo y generar fricciones en organismos internacionales.
- Escenario económico incierto: La entrada de capital extranjero y la mayor venta de oro podrían aliviar la crisis de divisas a corto plazo. No obstante, si el oro se exporta en bruto sin desarrollo industrial, el país corre el riesgo de profundizar su dependencia de materias primas. Además, la persistencia de la disputa por las reservas en el Reino Unido añade incertidumbre sobre el acceso a activos importantes.

Conclusión
La decisión de Estados Unidos de ir por el oro venezolano abre una nueva etapa de oportunidades y peligros para un país que lleva años sumido en crisis. La cooperación con Washington podría traer inversiones y tecnología, pero sólo será beneficiosa si existe transparencia, protección ambiental y respeto a los derechos humanos. De lo contrario, la riqueza aurífera podría convertirse en una maldición que agrave los problemas sociales y ecológicos de Venezuela. Mientras se discuten licencias y leyes en despachos oficiales, el futuro del oro —y del país— sigue estando en manos de quienes lo extraen, lo defienden y lo sueñan.