The China Mail - Rebelión armada en Bolivia

USD -
AED 3.672497
AFN 64.492135
ALL 81.048549
AMD 361.549984
ANG 1.789785
AOA 917.999896
ARS 1524.161602
AUD 1.430718
AWG 1.8
AZN 1.711051
BAM 1.743829
BBD 2.014417
BDT 123.721084
BGN 1.747831
BHD 0.377781
BIF 3002.474199
BMD 1
BND 1.279451
BOB 11.686453
BRL 5.039727
BSD 1.000134
BTN 94.889261
BWP 13.713165
BYN 2.983818
BYR 19600
BZD 2.011502
CAD 1.40852
CDF 2314.999907
CHF 0.825295
CLF 0.024929
CLP 981.129776
CNY 6.679149
CNH 6.67865
COP 3160.57
CRC 454.28202
CUC 1
CUP 24.00428
CVE 98.605413
CZK 21.66675
DJF 178.099352
DKK 6.656545
DOP 61.513085
DZD 134.610975
EGP 53.906501
ERN 15
ETB 163.367705
EUR 0.89055
FJD 2.25795
FKP 0.750648
GBP 0.75015
GEL 2.595011
GGP 0.750648
GHS 11.687293
GIP 0.750648
GMD 73.492811
GNF 8797.502337
GTQ 7.646492
GYD 209.208602
HKD 7.848035
HNL 26.847307
HRK 6.710797
HTG 130.833872
HUF 322.972498
IDR 18000.7
ILS 3.103498
IMP 0.750648
INR 94.992198
IQD 1516.294414
IRR 1795727.498681
ISK 121.330437
JEP 0.750648
JMD 158.942169
JOD 0.709008
JPY 158.375017
KES 130.000295
KGS 87.450356
KHR 4069.000276
KMF 440.000256
KPW 899.999961
KRW 1328.78991
KWD 0.310903
KYD 0.833489
KZT 452.159957
LAK 22504.569569
LBP 89556.991932
LKR 331.452008
LRD 170.530333
LSL 16.440892
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 6.418795
MAD 9.781598
MDL 17.833435
MGA 4533.903972
MKD 54.963867
MMK 2099.513869
MNT 3596.411813
MOP 8.085328
MRU 40.042798
MUR 47.249892
MVR 15.449741
MWK 1741.999723
MXN 18.395697
MYR 4.0821
MZN 63.898797
NAD 16.440819
NGN 1329.969735
NIO 36.805385
NOK 9.39884
NPR 151.823815
NZD 1.762475
OMR 0.384499
PAB 1.000129
PEN 3.450403
PGK 4.549102
PHP 63.065008
PKR 276.871294
PLN 3.89216
PYG 5768.724951
QAR 3.645636
RON 4.743201
RSD 104.554975
RUB 82.747787
RWF 1478.255055
SAR 3.763651
SBD 8.064647
SCR 13.966184
SDG 601.498512
SEK 9.897865
SGD 1.278845
SHP 0.754745
SLE 24.680566
SLL 20969.504398
SOS 571.62473
SRD 37.702894
STD 20697.981008
STN 21.844963
SVC 8.751165
SYP 13001.999685
SZL 16.43529
THB 33.596497
TJS 9.211455
TMT 3.5
TND 2.985663
TOP 2.40776
TRY 49.578402
TTD 6.785253
TWD 32.585495
TZS 2649.999839
UAH 45.096251
UGX 4160.276757
UYU 40.158351
UZS 12046.721056
VES 878.910597
VND 25868.5
VUV 118.97233
WST 2.787823
XAF 584.162699
XAG 0.017418
XAU 0.000241412359
XCD 2.70255
XCG 1.802595
XDR 0.707052
XOF 584.162699
XPF 106.334983
YER 236.149766
ZAR 16.407555
ZMK 9001.196736
ZMW 19.978334
ZWL 321.999592
SSP 5750.775019
MXV 2.076687

Rebelión armada en Bolivia




Bolivia atraviesa uno de los momentos más tensos de su historia reciente. El Gobierno de Rodrigo Paz, que asumió hace seis meses con un discurso conciliador y promesas de estabilidad económica, se enfrenta a un movimiento de protesta creciente. En las últimas semanas, el país ha sido escenario de marchas multitudinarias, bloqueos de carreteras y enfrentamientos en las calles de La Paz y El Alto. Lo que comenzó como una movilización sindical por aumentos salariales y el rechazo a la Ley 1720 terminó convirtiéndose en un desafío directo al Ejecutivo: los manifestantes exigen la renuncia del presidente y algunos grupos han tomado las armas para forzar su salida.

Aparición de grupos armados e irregulares
En medio de la escalada de movilizaciones, videos difundidos en redes sociales muestran a hombres encapuchados en una zona del altiplano de Oruro que marchan en formación y portan fusiles antiguos. Se identifican como indígenas de los ayllus y corean consignas como “ahora sí, guerra civil”. Las autoridades atribuyen estas imágenes a la facción aymara conocida como los Ponchos Rojos, un grupo campesino ligado históricamente a Evo Morales. José Luis Gálvez, portavoz del Gobierno, denunció que algunos de sus líderes instaron a los manifestantes a acudir con “todas las armas posibles” y señaló a Bernabé Gutiérrez Paucara, exfuncionario del Ministerio de Defensa, como la cabeza del llamado “comité de conflicto”.

Los Ponchos Rojos surgieron en la provincia de Omasuyos y se hicieron visibles durante las protestas de 2003. Sus miembros se caracterizan por vestir el tradicional poncho rojo con bordes negros y por portar chicotes como símbolo de autoridad. Durante los años del Movimiento al Socialismo (MAS) fueron un brazo de apoyo al expresidente Morales, aunque analistas bolivianos señalan que no son una milicia centralizada, sino una red de comunidades que se autoconvocan cuando perciben amenazas a sus derechos. La presencia de armas en sus movilizaciones, según el antropólogo Pedro Portugal, se debe más a la tradición de autodefensa con fusiles viejos que a una capacidad bélica moderna.

A los Ponchos Rojos se suman videos de otros grupos que exhiben armas de alto calibre y amenazan con tomar cuarteles. El Ministerio de Defensa advirtió sobre la presencia de “grupos irregulares” en las protestas y prometió actuar dentro de la ley para garantizar la seguridad. Estas imágenes provocaron alarma en La Paz y reavivaron el fantasma del golpe militar de 2024, cuando un sector de las Fuerzas Armadas intentó derrocar al entonces presidente Luis Arce. Sin embargo, en esta ocasión la amenaza no proviene del Ejército sino de organizaciones civiles que combinan reivindicaciones económicas con consignas de guerra.

Un conflicto con raíces económicas y políticas
Las protestas no son un fenómeno aislado. Bolivia arrastra desde 2025 una severa crisis económica. El Gobierno de Rodrigo Paz eliminó los subsidios a los combustibles para estabilizar las finanzas públicas, lo que disparó los precios casi un 90 % y generó malestar entre transportistas, campesinos y trabajadores. También aprobó la polémica Ley 1720, que regulaba el uso de recursos naturales, y una reforma laboral que sectores sindicales consideran regresiva. Aunque el Ejecutivo ofreció bonos para familias vulnerables, aumentó el salario mínimo y derogó parcialmente la norma, el desencanto creció.

A ese contexto se sumó la ruptura dentro del MAS, partido que dominó la política boliviana durante dos décadas. Evo Morales, refugiado en el Chapare para eludir una orden de arresto por un caso de trata de menores, acusa a Luis Arce y a Rodrigo Paz de traicionar las bases populares. Morales promueve la idea de convocar nuevas elecciones y sus seguidores han convertido las protestas en una batalla por el liderazgo de la izquierda. La Central Obrera Boliviana, federaciones campesinas y sindicatos de maestros y mineros se aliaron a las marchas, mientras que otros sectores han pactado con el Gobierno. Las divisiones internas avivaron la sensación de vacío de poder y alimentan la narrativa de un supuesto golpe en marcha.

Enfrentamientos y bloqueo de ciudades
El departamento de La Paz quedó prácticamente aislado durante más de dos semanas debido a los bloqueos de carreteras. Camiones con alimentos, combustible y oxígeno para hospitales quedaron varados, provocando desabastecimiento y la muerte de al menos cuatro personas —entre ellas un niño de doce años— por falta de atención médica. En El Alto, manifestantes cortaron el acceso al aeropuerto y quemaron neumáticos. Las marchas que bajaron a la sede de Gobierno estuvieron integradas por más de diez mil personas y derivaron en choques con la policía: los manifestantes lanzaron dinamitas y petardos; los agentes respondieron con gases lacrimógenos. Hubo saqueos y ataques contra el Tribunal Departamental de Justicia, estaciones del teleférico y comercios privados. Al menos dos periodistas resultaron heridos mientras cubrían los disturbios.

Las fuerzas de seguridad han detenido a decenas de personas y liberado posteriormente a algunas de ellas. El Gobierno se ha resistido a declarar un estado de excepción y ha apostado por el diálogo, aunque ha advertido que no tolerará la violencia. Pese a ello, el discurso oficial endurece su tono: el viceministro de Régimen Interior, Hernán Paredes, calificó la marcha de los seguidores de Morales como un “intento conspirativo” y afirmó que los movilizados están librando “una batalla final” para desestabilizar al Ejecutivo. La plaza Murillo, sede de los poderes del Estado, permanece cercada por cordones policiales y barricadas.

¿Golpe de Estado o rebelión social?
La pregunta que recorre los titulares es si Bolivia está frente a un nuevo golpe de Estado. Para muchos analistas, comparar la actual crisis con la asonada militar de 2024 es exagerado. No hay un sector del Ejército sublevado ni un liderazgo claro que aspire a tomar el poder por la fuerza. Sin embargo, la combinación de violencia en las calles, la presencia de grupos armados y los llamamientos a la guerra civil crean un clima de inestabilidad que puede erosionar el orden constitucional. La oposición denuncia un posible “autogolpe” del propio Gobierno para justificar medidas represivas, mientras que el oficialismo responsabiliza a Morales de alentar una insurrección para regresar al Palacio Quemado.

El desenlace de esta crisis dependerá de la capacidad de las partes para negociar. Rodrigo Paz ha recibido el respaldo de gobiernos conservadores de América del Sur y de Estados Unidos, que consideran las protestas una amenaza a la democracia. En contraste, el presidente colombiano, Gustavo Petro, y otros líderes de izquierda han expresado simpatía por los manifestantes, lo que ha generado tensiones diplomáticas. Internamente, la negociación con sindicatos y organizaciones sociales podría aliviar los bloqueos, pero el factor más imprevisible sigue siendo el rol de los grupos armados. Si éstos deciden escalar la confrontación, el riesgo de que la violencia se desborde aumenta.

Por ahora, Bolivia se encuentra atrapada entre el desgaste económico y la pugna política. La acusación de “golpe de Estado” es un reflejo de ese clima polarizado donde cada bando intenta apropiarse de la narrativa. Lo cierto es que el país necesita urgentemente un acuerdo que restablezca la paz social y evite que la rebelión de grupos armados se convierta en una tragedia mayor.