The China Mail - La utopía fraterna del oasis de Maaden, en Mauritania

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La utopía fraterna del oasis de Maaden, en Mauritania
La utopía fraterna del oasis de Maaden, en Mauritania / Foto: © AFP

La utopía fraterna del oasis de Maaden, en Mauritania

Desde la cima de la pequeña montaña que lo domina, en pleno desierto mauritano, el oasis de Maaden se extiende como un corredor verde. Fue aquí donde un guía espiritual sufí fundó hace casi medio siglo una sociedad utópica que aún continúa.

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El guía espiritual Mohammed Lemine Sidina creó en 1975 el pueblo de Maaden el Ervane, "yacimiento del saber" en hassanya, dialecto mauritano.

En esta tierra aislada de todo, en la meseta de Adrar, impulsó una sociedad basada en la ayuda mutua, la igualdad, la fraternidad, la tolerancia, y el trabajo. Más de veinte años después de su muerte, la utopía sigue viva.

"Aquí fue donde mi padre tuvo su visión", cuenta el iman Taha Sidina, vestido con un elegante darraa, gran bubú azul, prenda usada por los hombres del desierto, en el lugar donde se encuentra el edificio más antiguo del pueblo.

"Cada noche, la comunidad se congregaba para hacer el programa del día siguiente: cavar un pozo, crear una carretera, plantar una palmera", dice.

La localidad crece, casa a casa. Una pequeña represa fue construida para almacenar el agua, el bien más preciado. Luego se organizaron los campos, se abrió una escuela y un dispensario.

"Aquí hay igualdad. No hay castas ni razas. Somos todos hermanos. Si una persona necesita algo, vamos a trabajar todos juntos para ayudarla", dice Djibril Niang, de 70 años, quien llegó de Senegal hace 50 años y ya nunca se fue de ahí.

Djibril Niang se casó con la hija del jeque, blanca, cuando él era negro, "lo que era impensable" en esa época, añade, eternamente agradecido.

La hospitalidad es un valor cardinal. Una casa para visitantes acoge, alberga y da de comer a quienes se encuentran de paso.

Y mientras que la mayoría de localidades circundantes pierden habitantes, Maaden atrae más y ve sus tierras cultivables expandirse, ayudada por un viento que aleja la arena.

El oasis, islote de verdor en el desierto blanco, es una tierra fértil.

- Agroecología -

"Este año, la cosecha fue excelente", dice entusiasmado Mohamed Ould Vaide, cultivador de 45 años, mostrando con orgullo sus tomates, pimientos, cebollas, zanahorias y sandías que irriga a goteo.

"Nunca me iré de Maaden. No hay lugar como este", asegura.

Como la gran mayoría de los habitantes del pueblo, vive principalmente de la agricultura y ha transformado su manera de trabajar gracias a las técnicas enseñadas por el pensador francés de origen argelino Pierre Rabhi, uno de los pioneros de la agricultura biológica en Francia.

En 2018, tres años antes de su muerte, este infatigable defensor de la agroecología vino a Mauritania, quedó encantado con Maaden y decidió ayudar la comunidad a través de su fundación.

Transmitió a sus habitantes una ética de la naturaleza. Los abonos químicos fueron reemplazados por compost. Las motobombas que funcionan con combustible fueron reemplazadas por paneles solares que garantizan una casi total autonomía en el pueblo.

Igualmente facilitó el suministro de una máquina trituradora de henna, con la que las mujeres pueden transformar esta planta para usos cosméticos o bien artesanía, agricultura o comercio.

"En Maaden, una mujer puede cultivar, colocarse las botas, realizar trabajos manuales, saludar a un hombre con un apretón de manos. Es diferente a los otros pueblos", dice Zeinab Mintou Boubou, de 57 años, presidenta de la cooperativa de cultivadoras.

En el resto del país rige la ley islámica, los contactos entre hombres y mujeres de familias diferentes están prohibidos estrictamente y las mujeres, a causa de la tradición, se ven excluidas de ciertas actividades.

En el límite entre el pueblo y el desierto, cuando el sol se transforma en un disco áureo y desaparece tras las dunas, Mohamed Ould Ali Abdein se sienta en su estera.

Sus compañeros no tardan en llegar, y a su lado, los dromedarios se preparan para pasar la noche.

Con mano avezada, enciende el fuego y prepara el té. El líquido pasa de un vaso a otro, como un murmullo. Mohamed Ould Ali Abdein se siente bien en Maaden. El futuro de su mujer, sus siete hijos y el suyo está aquí.

Y.Parker--ThChM