Un taller de moda pasa a confeccionar bolsas mortuorias tras los terremotos en Venezuela
En un taller de moda en Venezuela, los hilos de brillantes colores para confeccionar vestidos quedaron a un lado. El color negro se impuso. Ahora se cosen bolsas mortuorias para donarlas a rescatistas y familiares que recuperan cuerpos de las ruinas del doble terremoto.
El 24 de junio, cuando dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 golpearon Caracas y devastaron el vecino estado La Guaira, el diseñador de modas venezolano Efraín Mogollón se preguntó cómo podía apoyar en medio de la emergencia.
"Estábamos justamente en estado de shock porque fue una tragedia inminente y necesitábamos entender qué podíamos hacer desde lo que nosotros sabemos hacer", cuenta Mogollón de 44 años a la AFP en un recorrido por La Guaira.
"Y en este caso era coser, poner a trabajar a mi equipo y poder aplicar este plan de acción", explica. La primera semana tras los terremotos "empezamos a hacer bolsas mortuorias".
La casa de modas ByEfraínMogollón se creó hace 15 años en la ciudad de Maracay, estado Aragua (centro). Desde entonces sus características piezas de grandes mangas con volantes y faldas drapeadas ganaron reconocimiento internacional y han desfilado por importantes pasarelas.
Pero su foco viró de momento con la catástrofe por los dos terremotos ocurridos en menos de un minuto, que han dejado más de 4.700 fallecidos.
El gobierno evita hablar de desaparecidos, pero la ONU calculó que podrían llegar a 50.000 y anunció la entrega de 10.000 bolsas mortuorias.
Ante la saturación de hospitales y la morgue, el gobierno improvisó un depósito de cuerpos en los silos del puerto de La Guaira. También amplió un cementerio para sepultar a cientos de víctimas aún sin identificar.
- Apoyo frente al dolor -
Las 22 costureras del taller guardaron la seda, el lino, tafetán y algodón y tomaron polietileno de alta densidad de 500 micras, así como una tela con antifluidos con revestimiento, para confeccionar las bolsas mortuorias de tres metros de largo por 90 centímetros de ancho.
Al lado de los maniquíes lucen bolsas negras envueltas en un plástico al que le han pegado una estampa del Sagrado Corazón de Jesús.
"La verdad fue fuerte cuando nos dieron la noticia de lo que íbamos a hacer. Pero a la vez sentimos que estamos haciendo un bien", sostiene Grismary Villegas, de 21 años, con las manos sobre su máquina mientras cose con hilo azul oscuro una bolsa. "Es una manera de apoyar en este dolor".
Villegas trabaja en el taller desde los 17 años, siguiendo los pasos de su abuela y su tía, también costureras. Cose desde los ocho años, pero dice que nunca imaginó tener que hacer esta tarea.
"Hay mucha gente apoyando y eso es lo que importa, que en los momentos más difíciles, uno siempre tiene que estar unido como país (...) Seguiré colaborado", añade, esperanzada en que "no se necesiten más (bolsas), que no haya más tragedias".
- "Un mal necesario" -
Hasta el lunes, el taller de Mogollón había confeccionado 1.000 bolsas, la mitad fueron donadas al servicio nacional de medicina y ciencias forenses en Caracas y el resto directamente a rescatistas y familiares de fallecidos.
"Ir a la zona cero de desastre cambió completamente la perspectiva, no solo mía como director creativo sino de todo el equipo (...) De comenzar con un lote de 48 bolsas diarias los primeros tres días, llegamos a 200 bolsas diarias en la última semana", dijo.
Andrea Vizcaíno, una doctora de 38 años, considera que el trabajo de este diseñador "es un mal necesario".
"No podemos decir que... que es bueno. Pero sí te digo una cosa, es útil para poder ayudar a la familia", coincide Carlos Solórzano, un voluntario de 44 años que presta auxilio desde el tercer día en los escombros de edificios de vivienda social, en La Guaira.
En su recorrido por los albergues donde se encuentran miles de personas que quedaron sin hogar, Mogollón identificó otra necesidad: lonas para cubrir el piso y el techo de las carpas donde duermen para poder protegerse del frío y la lluvia.
El taller ya comenzó su producción.
S.Davis--ThChM