The China Mail - "La vida es bella", o intenta serlo, en un hospital psiquiátrico de Kiev

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"La vida es bella", o intenta serlo, en un hospital psiquiátrico de Kiev
"La vida es bella", o intenta serlo, en un hospital psiquiátrico de Kiev

"La vida es bella", o intenta serlo, en un hospital psiquiátrico de Kiev

A veces, cuando la guerra hace que las paredes de su clínica psiquiátrica del noroeste de Kiev se tambaleen, Oksana se esconde para llorar. Después, esta enfermera se repone, se obliga a sonreír y retoma su trabajo: garantizar a los internos que en Ucrania "todo va bien".

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"La primera vez fue tan fuerte que nos tuvimos que sentar. Desde entonces, ya nos hemos acostumbrado y esperamos solamente que los misiles no se crucen en nuestro camino", dice Viktor Jouravski, director de este centro especial para hombres. Sus pequeños ojos delatan la noche de bombardeos que acaba de vivir.

"Las explosiones eran muy fuertes. Y cuando empiezan a disparar, no dormimos en toda la noche", explica. Desde el inicio de la ofensiva rusa, estos vecindarios del noroeste de Kiev viven instalados en la guerra.

Una guerra que cada día mata y destruye en las localidades de Irpin y Butsha, a pocos kilómetros de distancia de este centro, que alberga a 355 pacientes en edificios rectangulares rodeados de zonas verdes.

Algunas noches, "lloro sin consuelo en mi habitación para que nadie me vea", confiesa Oksana Padalka, jefa de enfermeras.

Antes de la guerra, había 120 personas para cuidar de los pacientes. La mitad no ha vuelto a trabajar. Entre ellas una enfermera que vive en Butsha, en la línea de frente, y de la que Oksana no tiene noticias "desde hace dos semanas".

La mujer evita mostrar sus emociones ante "los chicos", como llama a los pacientes de entre 18 y 80 años cuyas familias no pueden atenderlos y viven en el centro.

- "Somos su familia" -

"Si tomo algún medicamento, al día siguiente por la mañana estoy tranquila", confiesa Oksana. La mujer se maquilla y llega sonriente ante sus pacientes. "Si ellos ven que mantenemos la calma, piensan que todo está normal, que todo irá bien".

Pero algunos "dicen que tienen miedo", otros preguntan "cuándo terminará la guerra". "Los abrazamos, les decimos que somos su familia, les mostramos que vamos a estar aquí para cuidarlos, que todo va bien, que la vida es bella".

En la biblioteca del centro se respira la calma. Una decena de internos, de entre 35 y 60 años, juega tranquilamente al ajedrez, pinta o hace trabajos manuales.

Todo está concebido para que las rutinas se mantengan y los internos ponen también su empeño. "Tenemos electricidad, alimentos, esa vida cotidiana les da tranquilidad", dice el director.

El único cambio es que los pacientes se van a dormir "prácticamente vestidos" para poder bajar rápidamente al búnker del sótano en caso de bombardeos. El refugio es un lugar espartano de la época soviética, en el que los internos se han tenido que refugiar "en tres o cuatro ocasiones" durante menos de una hora, explica el director.

Los paseos por el jardín también son más breves y los internos tampoco pueden acceder a internet. "No queremos que se vean alterados por informaciones negativas" o "vean horrores", dice Padalka.

- "Ucrania ganará" -

Imposible sin embargo reducir las horas de televisión, frente a la que algunos pasan todo el día. Pero solo se puede ver la cadena pública ucraniana, que envía mensajes positivos sobre el conflicto y la resistencia ucraniana al tiempo que garantiza la victoria sobre los invasores rusos.

Los residentes corean con entusiasmo la consigna repetida hasta la saciedad: "Slava Ukraïni" ("Gloria a Ucrania").

"Ucrania va a ganar, está claro", dice Yura, de unos 40 años, mientras pinta en la biblioteca, donde abundan las decoraciones patrióticas en azul y amarillo, colores de la bandera ucraniana.

"Les decimos lo que quieren oír: que estamos unidos, en el mismo barco", dice el médico responsable del centro, Mikola Panassiuk.

"Estamos dispuestos a morir por Ucrania", lanza un paciente.

"Bueno, tú más bien debes vivir por Ucrania", le responde el médico.

Por ahora, en el centro no falta de nada. Pero nadie sabe qué pasará si el agua corriente falla o si se corta la electricidad y el lugar queda aislado por los combates.

En un pasillo, varios pacientes andan sin rumbo o miran por la ventana sin decir palabra, solitarios y ausentes. "Tenemos patologías severas en algunos casos", dice un médico, antes de despedirse, sonriendo: "Está claro que si (el presidente ruso Vladimir) Putin viniera aquí, lo internaríamos inmediatamente".

I.Taylor--ThChM--ThChM