The China Mail - La precaria vida de los repartidores de comida indocumentados en París

USD -
AED 3.672503
AFN 65.000126
ALL 80.977186
AMD 362.829848
ANG 1.790365
AOA 917.999953
ARS 1524.911695
AUD 1.435276
AWG 1.8
AZN 1.702631
BAM 1.722428
BBD 2.015086
BDT 123.012972
BGN 1.683441
BHD 0.377194
BIF 2999.951563
BMD 1
BND 1.277405
BOB 12.040458
BRL 5.205619
BSD 1.000454
BTN 95.892522
BWP 14.09417
BYN 3.010995
BYR 19600
BZD 2.012171
CAD 1.41849
CDF 2310.00018
CHF 0.834735
CLF 0.024674
CLP 974.269942
CNY 6.70335
CNH 6.707185
COP 3335.5
CRC 456.985341
CUC 1
CUP 24.01166
CVE 97.107857
CZK 21.52835
DJF 178.16097
DKK 6.58393
DOP 59.48895
DZD 133.783977
EGP 51.996599
ERN 15
ETB 163.421342
EUR 0.88072
FJD 2.243701
FKP 0.756991
GBP 0.752635
GEL 2.60496
GGP 0.756991
GHS 11.710208
GIP 0.756991
GMD 73.50592
GNF 8798.844552
GTQ 7.643396
GYD 209.328131
HKD 7.846297
HNL 26.859007
HRK 6.636301
HTG 130.939066
HUF 322.591495
IDR 17915
ILS 3.07365
IMP 0.756991
INR 95.88705
IQD 1310.606294
IRR 1693792.499699
ISK 120.640096
JEP 0.756991
JMD 158.336929
JOD 0.709023
JPY 157.007496
KES 129.709687
KGS 87.448702
KHR 4057.22564
KMF 434.999698
KPW 900.000318
KRW 1355.219852
KWD 0.30878
KYD 0.833726
KZT 440.074329
LAK 22455.503791
LBP 89592.031739
LKR 330.60617
LRD 171.583824
LSL 16.385613
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 6.399
MAD 9.704712
MDL 17.763022
MGA 4394.578552
MKD 54.223526
MMK 2099.600314
MNT 3599.1704
MOP 8.086624
MRU 40.069045
MUR 47.760418
MVR 15.449898
MWK 1734.754084
MXN 18.128675
MYR 4.078097
MZN 63.910013
NAD 16.385685
NGN 1327.379897
NIO 36.821108
NOK 9.60209
NPR 153.428035
NZD 1.771685
OMR 0.384495
PAB 1.000449
PEN 3.44424
PGK 4.528402
PHP 62.740138
PKR 277.158584
PLN 3.848755
PYG 5852.979771
QAR 3.647324
RON 4.649695
RSD 103.530073
RUB 83.147056
RWF 1477.228194
SAR 3.755513
SBD 8.032647
SCR 13.761331
SDG 601.506428
SEK 9.979355
SGD 1.277255
SHP 0.755829
SLE 24.649917
SLL 20969.491881
SOS 571.727998
SRD 37.753026
STD 20697.981008
STN 21.576683
SVC 8.75393
SYP 13002.000254
SZL 16.377071
THB 33.580311
TJS 9.214436
TMT 3.51
TND 2.966913
TOP 2.40776
TRY 49.013967
TTD 6.787408
TWD 31.879198
TZS 2635.003029
UAH 44.690709
UGX 3921.672237
UYU 40.308767
UZS 11835.41907
VES 857.98905
VND 25962
VUV 119.008285
WST 2.76852
XAF 577.714388
XAG 0.01647
XAU 0.000238792284
XCD 2.70255
XCG 1.803098
XDR 0.707052
XOF 577.714388
XPF 105.029547
YER 236.394046
ZAR 16.392685
ZMK 9001.198421
ZMW 19.559579
ZWL 321.999592
SSP 5712.591904
MXV 2.052126
La precaria vida de los repartidores de comida indocumentados en París
La precaria vida de los repartidores de comida indocumentados en París

La precaria vida de los repartidores de comida indocumentados en París

Desde el alba, Ahmed ha repartido pizzas y platos asiáticos. Pero, en cambio, él no tiene nada que comer. Por lo tanto, al caer la noche, bolsa de 'Deliveroo' a la espalda y bici en mano, hace la cola en un lugar donde distribuyen comida en París.

Tamaño del texto:

"Esperé durante toda la jornada para poder venir aquí, es mi única comida" al día, explica este tunecino de 26 años, tras haber engullido con rapidez todo lo que había en la bandeja brindada por el Ejército de Salvación en un local ubicado en el popular barrio de Barbès (norte de París), colindante con la flamante "Maison des coursiers" (casa de los repartidores).

Desde hace un año monta en su bicicleta "hacia las 06h00 y hasta la medianoche. Y, todas las noches cena allí. Indocumentado, se ve obligado a trabajar por cuenta de un "jefe", quien le paga apenas 400 euros al mes (unos 457 dólares).

Deducido el alquiler de su habitación compartida en Sarcelles (oeste), el pase Véligo (para utilizar bicicletas de alquiler público) y el dinero que envía a su país para ayudar a su familia, no le queda "nada".

"Cuando llegué a Francia, durante meses dormí debajo de un puente. Me gustaría salir de esta galera (de esclavos), pero no tengo otra cosa. Así que no me queda otra opción", confiesa a la AFP este exempleado de una gasolinera en Túnez.

- "Producto de lujo" -

Durante el primer confinamiento por covid-19, el Ejército de Salvación comenzó a recibir en masa a los repartidores en sus sitios de distribución de alimentos, recuerda Françoise, encargada de la cena en una noche de febrero. Para ella, un símbolo de la "fractura social" de la cual son víctimas.

A partir de entonces, la comida se brinda en este nuevo espacio, compartido con la "Maison des couriers", inaugurada a mediados de enero.

Allí, los repartidores en situación muy precaria pueden reposar, beber un café y cuentan con aseos, pero, sobre todo reciben ayuda para su regularización.

¿Repartidores de comida que no ganan lo suficiente para comer? Esto provoca "mucha rabia" a Circé Liénard, responsable de Coopcycle, una federación de cooperativas que quiere ofrecer una alternativa a las plataformas "tradicionales". Su objetivo: "poner fin a la precariedad" pagando salarios reales a los 'deliverys'.

"Que recibas tu pedido en pocos minutos es un 'producto de lujo'. Si te cuesta poco o nada se debe a que la reducción de costos la solventan los propios repartidores", se lamenta.

Con frecuencia se trata de trabajadores indocumentados que a veces ejercen bajo la identidad de otro, o se ven obligados a subarrendar cuentas.

Éste el caso de Koné, un marfileño de 22 años, repartidor en Deliveroo desde hace solamente una semana.

"Por el momento, no gano casi nada", reconoce tras un recorrido de tres horas, en tanto devora unos pocos bizcochos que le fueron ofrecidos.

- "A veces ni te pagan" -

"Para quienes recién comienzan, siempre es la galera (explotación)", suspira Keita Siriki, su compatriota ya cincuentón, sentado un poco más lejos.

El obtuvo su regularización, "tras una larga batalla" con su empleador, y gracias a la ayuda de un sindicato.

Espera pronto ser empleado formal de Frichti, plataforma para la que realiza entregas desde hace tres años, o volver a su viejo trabajo de camionero como fungía en Costa de Marfil.

Pero al igual que el resto, Siriki empezó a trabajar bajo un "alias".

"Al llegar desconocemos nuestros derechos. Pero aquí (en la Maison des coursiers), nos ayudan y las gestiones avanzan. Cuando vengo aquí me siento en casa. A los otros les digo, vengan a buscar ayuda".

Este miércoles, Keita trajo por primera vez a Alpha, un guineano de 29 años, quien descubre este lugar minimalista: una nevera, dos mesas, una cafetera y un sofá.

El joven tiene la mirada fija en la cuenta regresiva que se muestra en su smartphone: en 38 minutos, debe comenzar su servicio ante una "dark kitchen", cocinas "fantasma" improvisadas por las plataformas de reparto.

Él también espera impaciente obtener su permiso de residencia dado que, desde que comenzó en 2019, pedalea con la cuenta de un tercero.

"A veces te pagan, pero otras no. No podemos hacer nada, estamos ilegales. A veces, trabajamos cinco horas y no nos dan ni 30 euros. Esos días también tengo que ir a pedir alimentos", afirma este padre de familia.

V.Liu--ThChM