Escasez y precios más altos, el impacto de los ataques rusos en Kiev
Con un ojo en los estantes y el otro en su teléfono, Maksim Tarasenko se acostumbró a estar atento a los drones rusos sobre Kiev mientras hace sus compras.
Sin embargo, se tendrá que quedar con las ganas de su dosis de cafeína, ya que "no queda nada de Coca-Cola, ni siquiera su equivalente", comenta el hombre, de 26 años, a la AFP.
El mes pasado, contó que la tienda Silpo donde suele comprar no tenía papas, cereales ni ciertos tipos de verduras.
En los últimos nueve meses se registraron tres veces más ataques rusos contra almacenes civiles en la región de Kiev que durante los primeros cuatro de la invasión iniciada por Moscú en febrero de 2022.
Dos tercios ocurrieron desde principios de agosto, según un análisis de AFP basado en datos del monitor de conflictos ACLED hasta el 18 de septiembre.
El ministro de Alimentación de Ucrania, Taras Visotski, afirma que esta ola de ataques "alteró gravemente e incluso dejó inoperativo" el modelo de abastecimiento utilizado por los grandes minoristas, basado en plataformas logísticas centralizadas.
El ministro pidió que las marcas descentralicen su logística, se concentren en cadenas de suministro a corto plazo y utilicen almacenes más pequeños o ubicados en países vecinos.
El grupo Fozzy, propietario de Silpo, anunció en agosto que estaba reorganizando sus cadenas de suministro. Esto le permitió reabastecer estantes, aunque sin algunas marcas.
Con las frutas cuidadosamente colocadas, ofertas especiales llamativas y música suave, todo podría parecer normal. Pero los clientes están pegados a sus celulares, mientras la espesa humareda que ha dejado un ataque ruso contra un mercado cercano a la estación central de la ciudad va tiñendo de negro el cielo.
- "Pánico generalizado" -
Para Tarasenko, lo que Moscú busca es provocar un "pánico generalizado" entre la población.
En esta situación, muchos clientes corren a comprar masivamente algunos productos antes del invierno, algo que ya sucedió cuando empezaron a escasear ciertos artículos, explica.
Pero él prefiere mantener la calma. Si la situación empeora, dice, ya ha encontrado un productor de la provincia donde puede conseguir sus papas.
En los suburbios de la capital, a unos 10 kilómetros del supermercado, los bomberos trabajan en una enorme estructura de metal calcinado.
Botellas de aceite, paquetes de sal y algunas latas yacen entre los escombros. Un día antes, el edificio se utilizaba como almacén de la cadena de supermercados ECO.
Según Oleg Pendzin, economista, este tipo de ataques rusos provoca un déficit estimado de 1.500 millones de dólares para el Estado ucraniano.
Por su parte, Visotski advierte que la reorganización de la logística podría hacer que el costo de los alimentos suba hasta un 2,5%.
Antes "con 1.000 grivnas [22,20 dólares] podía comprar comida, carne, golosinas para los niños", dijo Ania Dmiterko, una vendedora de 35 años del mercado de Borispil, a las afueras de Kiev. "Ahora, apenas puedes comprar nada".
Desde agosto, el olor a quemado impregna el aire de esta pequeña ciudad rodeada de almacenes, que se ha convertido en un objetivo prioritario para Moscú.
Con todo, la vida continúa en los mercados, donde la mayoría de las familias ucranianas hace casi la mitad de su compra mensual, según Pendzin.
Otro 30% la hace en tiendas de alimentación locales, que se abastecen a partir de productores nacionales, un sistema que, de momento, elimina cualquier riesgo de escasez de alimentos, agrega el economista.
Pero a él, lo que más le preocupa son los ataques rusos contra los puertos del mar Negro, de los que Ucrania depende para el 90% de sus exportaciones, un volumen que ninguna ruta terrestre es capaz de absorber.
El sonido de los cañones antiaéreos resuena de fondo mientras la gente continúa hablando sobre el aumento de los precios y el invierno que se acerca.
Dmiterko va colocando en línea botes de pepinillos y tomates. "Lo principal es que haya comida y agua", señala. "Que no haya Coca-Cola no es ninguna tragedia".
U.Feng--ThChM