The China Mail - Monarquía: Tiempos difíciles

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Monarquía: Tiempos difíciles




En 2025 España volvió a enfrentarse a un año convulso. La inflación persistente, las tensiones políticas y territoriales, la crisis de confianza en las democracias y la sombra de conflictos internacionales como la guerra en Ucrania o la violencia en Oriente Próximo marcaron la agenda. A nivel interno, la DANA del año anterior dejó una profunda herida en la Comunitat Valenciana y otras regiones, la sociedad se dividió por la falta de consenso político y el acceso a la vivienda y al empleo siguió siendo un desafío. En ese contexto de fatiga social y polarización, la figura de la monarquía se mantuvo en el centro del debate público como referente de continuidad y moderación.

La institución celebró el cincuentenario de su restauración con actos que subrayaron su papel en la transición democrática. Desde el Palacio Real se reconoció el camino recorrido desde 1975 y se rindieron honores a las figuras que hicieron posible la nueva Constitución. La monarquía recordó que la España actual es fruto de la capacidad de alcanzar consensos y de la confianza en los valores comunes, y que esa lección sigue siendo necesaria para afrontar los desafíos de hoy.

A lo largo de 2025, el rey Felipe VI estuvo presente en momentos clave. En octubre, en un homenaje a las víctimas de la DANA en Valencia, transmitió el dolor de la Corona y pidió aprender de la tragedia para prevenir catástrofes futuras y mantener la solidaridad con los afectados. En Valencia volvió a insistir, durante la ceremonia de los premios Rei Jaume I, en la necesidad de sumar esfuerzos para consolidar un sistema científico y tecnológico fuerte y recordó que la ciencia y la innovación deben ser factores de unión y esperanza. Estas intervenciones se sumaron a las palabras del rey en el discurso de Navidad, donde advirtió de la crisis de confianza que atraviesan las democracias, alertó sobre el auge de extremismos y desinformación y llamó a recuperar el espíritu de la Transición. De pie en el Salón de Columnas del Palacio Real, apeló a la convivencia y a la responsabilidad individual y colectiva, subrayando que España progresa cuando comparte objetivos y que el miedo y el ruido impiden ver la realidad en su amplitud.

La acción exterior de la monarquía también resultó relevante. En noviembre Felipe VI realizó la primera visita de Estado de un monarca español a China en dieciocho años. Allí se reunió con el presidente Xi Jinping y firmó una decena de acuerdos de cooperación en seguridad alimentaria, educación y espacio, demostrando que la Corona puede actuar como canal diplomático complementario al Gobierno. Pocos meses antes, en septiembre, los reyes viajaron a Egipto para escenificar el nuevo partenariado estratégico entre los dos países y respaldar iniciativas de diálogo y reconciliación en el Medio Oriente. Estas giras permitieron profundizar la proyección internacional de España y tender puentes que van más allá de los vaivenes políticos.

En el ámbito institucional, la monarquía siguió impulsando medidas de transparencia y ejemplaridad. Felipe VI renunció a la herencia de su padre y vetó que el rey emérito recibiera asignación de los presupuestos, publicó anualmente la lista de obsequios recibidos y sometió las cuentas de Zarzuela a auditorías externas. Estas acciones, unidas al distanciamiento de las polémicas del reinado anterior, contribuyeron a mejorar la valoración social de la Corona. Una macroencuesta realizada al inicio de 2025 reveló que el 53 % de los españoles cree que la imagen de la institución ha mejorado desde el año 2000 y solo un 28 % considera que ha empeorado. La misma encuesta situaba a la monarquía como la institución mejor evaluada del país con una nota media de 6,3 sobre 10, por delante de la Guardia Civil, la Policía y el Ejército. Análisis posteriores confirmaron que el apoyo crece especialmente entre los votantes de los grandes partidos y se mantiene estable entre hombres y mujeres, mientras que las formaciones nacionalistas e independentistas son las más críticas.

Otros estudios de opinión elaborados durante 2025 también aportaron matices. El Informe Borbón de un medio especializado, basado en encuestas de IMOP Insights, señaló que el rey Felipe VI contaba con un 43,7 % de aprobación frente a un 21,1 % de desaprobación y un 35,2 % de neutralidad. El informe destacaba que la reina Letizia y la princesa Leonor alcanzaron su mejor valoración histórica, superando el 60 % de opiniones favorables, y que estas figuras femeninas, junto con la profesionalidad y la transparencia de Felipe VI, son clave para la legitimación simbólica de la monarquía. Sin embargo, advertía de que entre los jóvenes de 24 a 35 años crece la indiferencia y que en territorios como Cataluña persiste una desaprobación significativa, aunque en leve retroceso. La encuesta mostraba que más del 36 % de los consultados percibe que la monarquía es más fuerte que en 2014, mientras que un 33 % la ve estable y un 38 % considera que sigue debilitada. La recuperación del prestigio institucional, la transparencia y la profesionalidad son identificadas como los principales logros del reinado.

No faltaron voces críticas que cuestionaron el modelo de Estado, pero los expertos coincidieron en que el debate entre monarquía y república está hoy amortiguado por razones prácticas. La mayoría de los ciudadanos considera que la monarquía parlamentaria garantiza la estabilidad democrática y evita la pugna partidista por la jefatura del Estado. Algunos catedráticos recordaron que el consenso sobre la Corona fue esencial durante la transición y que los rankings internacionales sitúan a las monarquías parlamentarias entre las democracias de mayor calidad. La alternativa republicana, argumentan, concita menos apoyo y podría generar nuevas tensiones en un país con graves desafíos territoriales y políticos.

El discurso de la princesa Leonor en la entrega de los premios Princesa de Asturias también marcó el año. La heredera resaltó que la convivencia es el único camino hacia el progreso y reconoció a quienes trabajan por la ciencia, la cultura y el deporte. Meses antes, los reyes y sus hijas habían presidido los premios Princesa de Girona, donde se celebró el talento joven y se animó a la juventud a imaginar y actuar para transformar la realidad. Estas ceremonias reforzaron la imagen de continuidad generacional y acercaron a la institución a los jóvenes.

En 2025 se celebraron además actos simbólicos como el Día de la Fiesta Nacional, en el que la Familia Real encabezó un desfile militar y ofreció una recepción a más de un millar de invitados, entre ellos alcaldes de las zonas afectadas por las inundaciones. La presencia destacada de los reyes, de Leonor y de la infanta Sofía subrayó la unidad nacional y la empatía con las regiones castigadas. La monarquía también presidió la entrega del Toisón de Oro a figuras relevantes del proceso democrático y reconoció la labor de jóvenes emprendedores, científicos y artistas, recordando que el futuro de España se construye apoyando el talento y la diversidad.

Mirando hacia 2026, las expectativas son de cauto optimismo. Un estudio de la consultora ATREVIA mostró que el 37 % de la población espera que su situación mejore el próximo año, frente a un 10 % que prevé un empeoramiento y un 53 % que cree que seguirá igual. La ciudadanía encuentra su principal fuente de esperanza en el bienestar físico y mental, el amor y la paz y la seguridad, mientras que las cuestiones financieras o medioambientales se sitúan en un segundo plano. Las mujeres y los jóvenes de 18 a 25 años son los más optimistas, en contraste con los mayores, que priorizan la estabilidad y la seguridad. Estas expectativas reflejan un deseo de continuidad con margen de mejora y se alinean con el mensaje del rey de buscar objetivos compartidos y no correr a costa de la caída de otros.

Si 2025 fue un año de pruebas, 2026 se vislumbra como una oportunidad para consolidar los avances. La monarquía, reforzada por su papel de árbitro institucional y por la creciente implicación de Leonor, se perfila como pieza clave para mantener la cohesión en un momento en que el país debe afrontar reformas económicas, sociales y climáticas de gran calado. El éxito dependerá de la capacidad de escuchar, de renunciar a dogmas y de trabajar juntos por un proyecto de país que inspire confianza. La Corona ya ha lanzado su mensaje: solo con convivencia, ejemplaridad y sentido de justicia puede España transformar la fragilidad en fortaleza y convertir la desesperanza en esperanza duradera.